La mujer es la base de la sociedad, porque tales cuales fueron los sentimientos de la madre, estos serán siempre los sentimientos de la familia y por consiguiente los del pueblo.
Frases célebres sobre: dre. [Página 63]
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Un buen padre vale por cien maestros.
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Ajedrecista: los elegidos de la duda. Cada hombre deberá buscarse un fin propio, válido solamente para él y realizar su proyecto particular, que tiene un valor meramente subjetivo. Elegimos todo lo que somos, y somos eso que elegimos.
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Un padre de familia nunca es un padre de familia. Un asesino no es de hecho un asesino. Juegan, ¿comprendes?
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En la paz, los hijos entierran a los padres; la guerra altera el orden de la naturaleza y hace que los padres entierren a sus hijos
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El apresuramiento es padre del fracaso.
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Todos tenemos orígenes comunes: las madres; todos nosotros venimos de la misma sima, pero cada uno tentativa e impulso desde lo hondo- tiende a su propio fin.
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En tiempos de guerra son los padres quienes entierran a los hijos.
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Cuando podamos aventar el temor a la muerte y renunciar a todo deseo de dominar al más humilde de nuestros semejantes, podremos vivir en paz y felicidad. Y esta es la finalidad ultima: no creer, ni sufrir, ni renunciar; sino aceptar, gozar, realizar la an
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No hay amistad ni amor como la de los padres para el niño.
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Nunca conocemos el amor de un padre hasta que nosotros mismos nos convertimos en padres.
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El corazón de la madre es el aula del niño.
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Si quieres destruir a una persona, entonces véncela al ajedrez. Es mucho más seguro que el veneno.
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La guerra es el padre y el rey de todas las cosas
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No hay que hablar y actuar como hijos de nuestros padres.
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El niño se alimenta los primeros años del pecho de la madre, pero de su corazón toda la vida.
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La experiencia es la madre de la ciencia.
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La ignorancia es madre del miedo.
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Nuestras almas son como esos huérfanos cuyas madres solteras murieron al parirles: el secreto de nuestra paternidad yace en su tumba, y tenemos que ir a ella para saberlo.
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Sí, mis queridas madres, sabemos que por mucho que hagáis siempre hay más que hacer. Es verdad que vuestra tarea nunca se acaba. ¿De quién será, me pregunto? ¿Quién descansa el séptimo día, no siendo Dios? ¿Quién contempla su obra, cuando está terminada,