Nuestra envidia dura siempre más que la felicidad de aquellos a quienes envidiamos.
Frases célebres sobre: emp. [Página 270]
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A los viejos les gusta dar buenos consejos para consolarse de no poder dar malos ejemplos.
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Bien...Yo siempre creí que toda confesión no transfigurada por el arte es indecente. Mi vida está en mis poemas, mis poemas son yo mismo, nunca escribí una coma que no fuese una confesión.
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Sus ojos grandes, redondos y negros tiempos después todavía estaban pegados en nosotros como botones...
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Vengo del fondo de los Tiempos, cuando el mundo empezaba a nacer... ¡Soy tan antiguo y tan nuevo como la luz de cada día!
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Los que ponen demasiado empeño en las cosas pequeñas, por lo común se hacen incapaces de hacer las grandes.
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Los hombres no vivirían mucho tiempo en sociedad si no se engañaran unos a otros.
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Si tuviésemos suficiente voluntad casi siempre tendríamos medios suficientes.
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Esa clemencia, de la que se hace una virtud, a veces se practica por vanidad, otras por pereza, a menudo por miedo, y casi siempre por esas tres razones juntas.
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La moderación de las personas felices se debe a la placidez que la buena fortuna da a su temperamento.
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El orgullo se resarce siempre y no pierde nada, incluso cuando renuncia a la vanidad.
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Encontramos siempre fastidiosa la compañía de las per sonas que no nos permiten ser fastidiosos.
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Existe en el corazón humano una generación perpetua de pasiones, de tal manera que la ruina de una coincide casi siempre con el advenimiento de otra.
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Por mucho que nos esforcemos por cubrir las pasiones con apariencias de piedad y de honor, siempre se manifiestan a través de esos velos.
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Los viejos se consuelan dando buenos consejos porque no pueden dar malos ejemplos.
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Los pleitos no durarían tanto tiempo si el error estuviera sólo en una parte.
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Los ancianos gustan de darnos buenos preceptos para consolarse de no poder darnos malos ejemplos.
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Una mujer a la moda está siempre enamorada... de sí misma.
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En la adversidad de nuestros mejores amigos siempre hallamos algo que no nos desagrada del todo.
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Las pasiones son los únicos oradores que siempre persuaden. Son como un arte de la naturaleza cuyas reglas son infalibles; y el hombre más romo cuando le domina la pasión persuade mejor que el más elocuente que carece de ella.