¿Y puede haber humor sin un poco de maldad? No. El humor requiere cierta maldad, una dosis pequeña, pero maldad al fin y al cabo. Se trata de encontrar lo gracioso dentro de lo trágico.
Frases célebres sobre: enc. [Página 272]
Hay un total de 13580 freses célebres sobre "enc" este sitio web. [Página 272]
-
-
La conciencia vale por mil testigos.
-
Tu hogar es tu refugio, pero no acabes encerrado en él
-
Este cuadro mío habría causado ya su efecto aunque yo lo encerrase bajo sellos o lo quemase
-
¿Qué es el arte? Si lo supiera, tendría buen cuidado de no revelarlo. Yo no busco, encuentro
-
La inspiración existe, pero tiene que encontrarse trabajando
-
Apaga el gris de tu vida y enciende los colores que llevas adentro
-
La escultura es el arte de la inteligencia
-
¿Cuál será la diferencia entre tener paciencia para nada y perder el tiempo?
-
El más grande de los hombres sencillos, nuestro maestro.
-
Amor mío, nos hemos encontrado sedientos y nos hemos bebido toda el agua y la sangre, nos encontramos con hambre y nos mordimos como el fuego muerde, dejándonos heridas. Pero espérame, guárdame tu dulzura. Yo te daré también una rosa.
-
Ese débil método de educación al que solemos llamar indulgencia, destruye toda la fuerza del alma y del cuerpo
-
A eso que algunos llaman libertad, otros llaman licencia
-
Esa suave educación que llamamos indulgencia, destruye todo el vigor del alma y del cuerpo.
-
Aunque la ambición sea en si misma un vicio es, con frecuencia, causa de virtudes.
-
No dejes para mañana el tratar de encajarle a alguien lo que tienes que hacer hoy. -Felipe.
-
Los ríos más profundos son siempre los más silenciosos
-
...entre más se insiste en que las competencias deben ser el eje de los nuevos esquemas de trabajo docente y educativo, más resultan evidentes las incompetencias de quienes las promueven.
-
Yo voy a encontrar la manera,de amarte y romper la barrera.
-
Iré lejos, muy lejos de esta vida humillante de charlatanería y de engaño. Muy lejos de toda esa gente artificial; iré a la isla encantadora, a la vieja Maria Portalettere, a mastro Vincenzo y a Gioconda, a purificarme el alma en la casita blanca, encima