La inteligencia no podría representar mucho tiempo el papel del corazón.
Frases célebres sobre: enc. [Página 350]
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La felicidad reside en los gustos y no en las cosas; somos felices cuando tenemos lo que nos gusta y no cuando tenemos lo que los demás encuentran agradable.
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La moderación es un temor a caer en la envidia y en el desdén que merecen los que se embriagan con su dicha; es una vana ostentación de la fuerza de nuestro ánimo; y finalmente, la moderación de los hombres que se ven muy encumbrados es un deseo de parece
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La esperanza, no obstante sus engaños, nos sirve al menos para llevarnos al fin de la existencia por un camino agradable.
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Se encuentran medios para sanar la locura, pero no se encuentran para enderezar una mente retorcida.
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El orgullo interviene más aún que la bondad en nuestras represiones a quienes han cometido algún yerro, y les reprendemos más que para corregirles, para convencerles de que estamos exentos de él.
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Lo que hace que la mayoría de las mujeres sean tan poco sensibles a la amistad es que la encuentran insípida luego de haber probado el gusto del amor.
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La verdadera elocuencia consiste en no decir más de lo que es preciso.
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Cuando no se encuentra descanso en uno mismo, es inútil buscarlo en otra parte.
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La intención de no engañar nunca nos expone a ser engañados muchas veces.
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La ausencia disminuye las pasiones mediocres y acrecienta las grandes, como el viento apaga las candelas y enardece el fuego
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Esa clemencia, de la que se hace una virtud, a veces se practica por vanidad, otras por pereza, a menudo por miedo, y casi siempre por esas tres razones juntas.
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La fortaleza de los hombres juiciosos no es más que el arte de encerrar el propio desasosiego dentro del corazón.
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Encontramos siempre fastidiosa la compañía de las per sonas que no nos permiten ser fastidiosos.
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Por mucho que nos esforcemos por cubrir las pasiones con apariencias de piedad y de honor, siempre se manifiestan a través de esos velos.
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Nuestro amor propio sufre con mayor impaciencia la condenación de nuestras aficiones que la de nuestras pasiones.
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La clemencia de los príncipes a menudo no es más que política para ganarse el afecto de los pueblos.
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Pocas personas hay que no se avergüencen de haberse amado cuando ya no aman.
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La verdad no hace tanto bien en el mundo como el daño que hacen sus apariencias.
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El mundo recompensa antes las apariencias de mérito que al mérito mismo.