Amo con amor de ternura a la raza indígena, por lo mismo que he observado de cerca sus costumbres, encantadoras por su sencillez, y la abyección a que someten esa raza aquellos mandones de villorrio, que, si varían de nombre, no degeneran siquiera del epí
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La carencia de escuelas, la falta de buena fe en los párrocos, y la depravación manifiesta de los pocos que comercian con la ignorancia y la consiguiente sumisión de las masas, alejan, cada día más, a aquellos pueblos de la verdadera civilización que, cim
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No puede ser calificado de noble quien desconoce la voluntad del cielo, no puede estar asentado sobre una base firme quien ignora las leyes de las conveniencias li; no puede conocer a los hombres quien no entiende de las palabras de ellos.
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Lo único que yo ambiciono y deseo es no caer en la necesidad de vanagloriarme por mis virtudes y por mi inteligencia, y no pregonar mis buenas acciones.
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El silencio es el único amigo que jamás traiciona.
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Aquel que gobierna por medio de su excelencia moral puede compararse a la estrella polar, que permanece en su sitio en tanto todas las demás estrellas se inclinan ante ella.
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¿En qué consiste la ciencia? En conocer a los hombres.
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La verdadera ciencia consiste en conocer que se sabe lo que realmente se sabe, y que se ignora lo que en verdad se ignora. En esto consiste la verdadera sabiduría.
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La sabiduría y la prudencia de nada sirven si no se presenta una ocasión propicia; los buenos arados nada pueden por sí solos, si no se presenta una estación favorable.
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Es hombre quien imponiéndose a su yo se somete a los li costumbres, a la ley de las convenciones sociales.
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Si uno se sabe de memoria las trescientas piezas del cancionero, pero cuando se le encargan las funciones de gobierno no es capaz de desempeñar el puesto, o mandado en calidad de enviado al extranjero no se sabe contestar por sí mismo, ¿de qué sirve tanta
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Cuando el reino es administrado con justicia y equidad, bastará su palabra para que le sea conferida la dignidad que merece; cuando el reino sea mal gobernado, y se produzca disturbios y sediciones, bastará su silencio para salvar su persona.
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Los hombres se parecen mucho en esencia, pero en la práctica llegan a ser muy distintos.
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Palabras de amable reconvención no pueden menos de agradar al que escucha. Pero la meditación sobre ellas es lo que verdaderamente importa.
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En todos los ritos, la sencillez es mejor que la extravagancia.
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Por naturaleza, los hombres son muy parecidos entre sí. Son el saber y la experiencia lo que los diferencia.
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No se debe desear mandar ni obedecer; porque suele convertirse el mando en tiranía y la obediencia en tedio
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La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.
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La libertad sólo puede fijar su residencia en aquellos Estados en que el pueblo tiene el poder supremo.
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Nada resulta más atractivo en un hombre que su cortesía, su paciencia y su tolerancia.