Dos cosas más aprendimos en la lluvia: cualquier sed tiene derecho cuando menos a una naranja grande y toda tristeza a una mañana de circo, para que la vida sea, alguna vez, como una flor o una canción.
Frases célebres sobre: end. [Página 287]
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Si a veces empleaba locuciones que parecen triviales, lo hacía con el fin de ser perfectamente comprendido de las masas, de las clases del pueblo, y descendía por decirlo así, abandonando las pretensiones literarias con la mira de ilustrar el espíritu del
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Las manos que dicen adiós son pájaros que van muriendo lentamente
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Los verdaderos analfabetos son los que aprendieron a leer y no leen
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Con frecuencia el hombre cree estar conduciéndose a sí mismo cuando es conducido, y mientras con su mente tiende a una meta, su corazón le arrastra insensiblemente hacia otra.
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La duración de nuestras pasiones es tan independiente de nosotros, como la duración de la propia vida.
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En cierto modo los celos son algo justo y razonable, puesto que tienden a conservar un bien que nos pertenece o que creemos que nos pertenece, mientras que la envidia es un furor que no puede tolerar el bien de los demás.
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Nada sabéis si sólo sabéis mandar, reprender y corregir
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Cómo pretendes que otro guarde tu secreto si tú mismo, al confiárselo, no lo has sabido guardar.
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Si no tuviéramos defectos no sentiríamos tanto placer descubriendo los de los demás.
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Hay varias clases de curiosidad; una, interesada, que nos lleva a desear aprender lo que nos puede ser útil; otra orgullosa, nacida del deseo de saber lo que otros ignoran.
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Se encuentran medios para sanar la locura, pero no se encuentran para enderezar una mente retorcida.
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No había huellas de pasos en el día en que por acaso lo descubrí: piedras y malezas iban cubriendo todo. El camino agonizaba, moría solito...Yo vi...¡Porque son los pasos los que hacen los caminos!
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El orgullo interviene más aún que la bondad en nuestras represiones a quienes han cometido algún yerro, y les reprendemos más que para corregirles, para convencerles de que estamos exentos de él.
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La debilidad de carácter es el único defecto que no se puede enmendar.
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Si tuviésemos suficiente voluntad casi siempre tendríamos medios suficientes.
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Las pasiones engendran a menudo otras que son sus contrarias: la avaricia produce a veces la prodigalidad, y la prodigalidad la avaricia; a menudo somos firmes por ser débiles, y audaces por cobardía.
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No sólo los hombres tienden a perder el recuerdo de los beneficios y de las injurias, sino que incluso odian a sus benefactores y dejan de odiar a quien los ofendió. La perseverancia en recompensar el bien y vengarse del mal les parece una servidumbre dem
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No desearíamos muchas cosas tan ardientemente si entendiéramos bien lo que deseamos.
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La duración de nuestras pasiones depende tan poco de nosotros como la duración de nuestra vida.