Aquel que en la doctrina es adversario, no es ni debe ser por eso enemigo personal
Frases célebres sobre: enemigo. [Página 23]
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En el mundo todos tenemos enemigos. Aún los grandes genios tuvieron sus detractores, incomprensiones e ingratitudes. ¿Por qué no habías de tenerlos tú?
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Si llegas a ser desgraciado, ocúltalo para que tus enemigos no se alegren.
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Navega, velero mío, sin temor, que ni enemigo navío ni tormenta, ni bonanza tu rumbo a torcer alcanza, ni a sujetar tu valor.
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Nadie sabe en qué rincón se oculta el que es su enemigo.
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La revolución socialista encontraría su más encarnizado y peligroso enemigo, peligroso por su confusionismo, por la demagogia, en la pequeña burguesía afirmada en el poder, ganado mediante sus voces de orden.
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Por su preparación militar e ideológica, el Ejército Revolucionario del Pueblo era más enemigo que Montoneros; era algo ajeno, otra cosa. Montoneros guardaba algo del nacionalismo, del catolicismo, del peronismo con el que había nacido
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Los enemigos de ayer están en el poder y desde él intentan establecer un régimen marxista, a la manera de Gramsci, que puede estar satisfecho de sus alumnos
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Quizá haya enemigos de mis opiniones, pero yo mismo, si espero un rato, puedo ser también enemigo de mis opiniones.
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Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos
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De todos los peligros, el mayor es subestimar al enemigo
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Odiad a vuestros enemigos, como si un día debierais amarlos.
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Los libros tienen los mismos enemigos que el hombre. El fuego, la humedad, los animales, el tiempo y su propio contenido.
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Todos nuestros enemigos son mortales.
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¿Cómo se mejora un argumento? Mejorar o espesar un argumento consiste en crearle complicaciones al héroe o quizás a sus enemigos. Estas complicaciones tienen efecto cuando cobran forma de acontecimientos inesperados. Si el escritor es capaz de espesar el
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El médico debe ser el auxiliar de la naturaleza, no su enemigo.
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Nunca des explicaciones. Tus amigos no las necesitan. Tus enemigos no las creen.
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Escojo a mis amigos por su buena apariencia, a mis conocidos por su carácter y a mis enemigos por su razón.
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Preferiría perder a mi mejor amigo antes que a mi peor enemigo. Ya sabe usted que para tener amigos sólo se necesita ser bondadoso; pero cuando a un hombre no le queda un enemigo es que debe de haber en él algo mezquino.
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Nuestros enemigos habían copiado nuestros métodos y, como se perfeccionaron rápidamente en este tipo de guerra, nos convertimos paulatinamente en receptores del ataque y fuimos dejando de ser los agresores.