Nunca he permitido que la escuela entorpeciese mi educación.
Frases célebres sobre: ent. [Página 1040]
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La diferencia entre la palabra adecuada y la casi correcta, es la misma que entre el rayo y la luciérnaga.
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No puede el hombre sentirse a gusto sin su propia aprobación.
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Después de cometer el error de sufrir un infortunio, el hombre talentoso siempre se recupera
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La reina de Prusia es realmente encantadora; coquetea mucho conmigo, pero no sientas celos; soy una tela encerada sobre la cual todo esto no hace sino resbalar. revolución francesa
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El valor es como el amor: necesita una esperanza que lo alimente
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Alejandro, César, Carlomagno y yo fundamos imperios, pero ¿sobre qué cimientamos las creaciones de nuestro genio? Sobre la fuerza. Solo Jesucristo fundó su reino sobre el amor, y hoy día millones de hombres morirían por él
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El momento más peligroso llega con la victoria
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Siempre debes separar el talento de la personalidad, que no tienen nada que ver.
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Las películas son experiencias muy fluidas. En una película, al final, lo que resulta es, muy a menudo, diferente mucho peor, mucho mejor, o completamente distinto de lo que se pretendía cuando se empezó.
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El poder y la influencia de una estrella de cine es curioso: no me preguntes si lo obtuve o la gente me lo dio. Simplemente porque seas una estrella de cine la gente puede empoderar tus derechos y privilegios especiales.
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Hay pícaros suficientemente pícaros para portarse como personas honradas
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Imposible, es una palabra que sólo se la encuentra en el diccionario de los tontos.
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Cada edad nos da un papel diferente.
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A los cincuenta años ya no se puede amar.
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¡Soldados, pensad que de lo alto de estas pirámides, cuarenta siglos os contemplan! 21-VII-1798 Gizeh
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Un accidente es una manifestación del destino que no conocíamos.
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La ambición de dominar los entendimientos es la más violenta de las pasiones.
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La guerra es un arte singular. Yo he sostenido sesenta batallas y no he aprendido más de lo que sabía cuando sostuve la primera.
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La democracia puede ser furiosa, pero tiene entrañas y se la conmueve; la aristocracia siempre conserva su frialdad y no perdona nunca