Las cadenas de un hábito no se sienten; las adquirimos con mucha facilidad, más después nos cuesta mucho romperlas.
Frases célebres sobre: ent. [Página 1916]
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Ninguno, imitando a otros, llegó a ser auténticamente grande... y dejó de ser él.
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Nuestros deseos siempre se aumentan con nuestras posesiones. El conocimiento de que hay algo todavía que nos pueda satisfacer, no se puede comparar con el gozo de las cosas que tenemos por delante.
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Nunca he conocido a un disidente capaz de razonar.
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Señor, he encontrado un razonamiento idóneo para usted, pero no me considero en la obligación de encontrarle también un sensato entendimiento.
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A las personas más habitualmente hay que recordarles que informarles.
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El lenguaje es el único instrumento del que dispone la ciencia, y las palabras son los signos de las ideas.
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Nadie conoce su propia fuerza mientras no se ha encontrado con la necesidad.
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Si los males no pueden evitarse, es de sabios reducir el intervalo de espera; estar conscientes, nada más, de cuáles serán los sufrimientos que pueden alcanzarnos si intentamos emprender el vuelo; y sufrir únicamente su daño real sin los conflictos antici
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Cuando es bien empleada, la vida es suficientemente larga.
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Aquél que puede sustraerse fácilmente a la vida, no puede ser feliz
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Pesado sueño tiene el que no siente cuán mal duerme
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Algunas veces debemos desechar los grandes pensamientos, y seguir los que las circunstancias nos inspiran
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Desventurado aquel que se inquieta siempre por el porvenir
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La Cruz es de Dios, pero es Cruz porque no nos abrazamos a ella; puesto que si estuviéramos firmemente resueltos a querer la que Él nos envía, dejaría de ser cruz. Es Cruz porque no la queremos, pero si es de Dios, ¿por qué no la queremos?
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Las penas, consideradas en sí mismas, ciertamente no pueden ser amadas, pero consideradas en su origen, es decir, en la Providencia y Bondad divina que las ordena, son infinitamente amables
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Por mucho que se diga, el corazón habla al corazón, mientras que la lengua no habla más que a los oídos
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La Cruz es de Dios, y no debemos sólo mirarla sino conformarnos con ella, como haríamos con una persona con la que nos viéramos obligados a convivir. Sin pensarlo más, hay que cargar con ella dulcemente, tomando las cosas con sencillez, como venidas de la
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Tenemos que permanecer en la barca en que estamos mientras dura el trayecto de esta vida a la otra. Y debemos hacerlo de buen grado y con amor; porque, aunque algunas veces no haya sido la mano de Dios la que nos ha puesto allí, sino la de los hombres, un
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Las mortificaciones que no van condimentadas con la salsa de nuestra propia voluntad son las mejores y las más excelentes, como las que nos tropezamos por la calle, sin pensar en ellas ni buscarlas, y las de cada día, aunque sean pequeñas