Odié cada minuto del entrenamiento. Pero me dije: no abandones, entrená ahora y sé un campeón por el resto de tu vida.
Frases célebres sobre: entr. [Página 149]
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Cuando conozco a alguien, no veo una raza o una religión. Miro más adentro. Debemos aprender a superar nuestros conflictos en paz y a respetar al otro.
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La oración como medio de iluminación espiritual es un acto vital normal por medio del cual la isla pequeña de nuestra personalidad de repente descubre que está situada dentro de un todo vital mayor.
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Ante un problema, revisamos las reglas de un banco tradicional y las hacemos totalmente al revés. Es decir, mientras más necesita una persona, más prioridad le damos
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Mientras el tímido reflexiona, el valiente va, triunfa y vuelve.
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La probabilidad de hacer mal se encuentra cien veces al día; la de hacer bien una vez al año.
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En boca cerrada no entran moscas.
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Entre todos la mataron y ella sola se murió.
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Los que de veras buscan a Dios, dentro de los santuarios se ahogan.
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La letra con sangre entra.
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Mientras hay vida hay esperanza.
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Pájaro viejo no entra en jaula.
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No entres donde no puedas pasar fácilmente la cabeza.
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Entre col y col, lechuga.
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Don Porfirio ha sido el mejor presidente que ha tenido el país y es que precisamente él fue quien buscó, en materia económica, un equilibrio de fuerzas entre las que tenían injerencia en México como lo era Estados Unidos, Francia e Inglaterra.
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Entre sastres no se pagan hechuras.
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Yo lo diré en dos palabras: No condeno el franquismo porque libró a España de la Revolución, libró a España de la Segunda Guerra civil, libró a España de entrar en la Guerra Mundial, condenar a las checas...
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Nosotros, los que sobrevivimos a los campos de concentración no somos testigos verdaderos. Nosotros somos los que, a través de la prevaricación, la habilidad o la suerte, nunca tocamos fondo. Los que estuvieron y vieron el rostro de la Gorgona, no regresa
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Y no creáis que los zapatos en la vida en el campo de concentración, sean un factor sin importancia. La muerte empieza por los zapatos: se han convertido, para la mayoría de nosotros, en auténticos instrumentos de tortura que, después de las largas horas
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Sabemos también que por tenue que fuese no siempre se siguió este sistema de discriminación entre útiles e improductivos y que más tarde se adoptó con frecuencia el sistema más simple de abrir los dos portones de los vagones, sin avisos ni instrucciones a