Sólo el equilibrio deshace la fuerza.
Frases célebres sobre: equ. [Página 117]
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El orden social no puede ser más que un equilibrio de fuerzas.
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Fuera de media docena de personas en cada ciudad, los demás vecinos están orgullosos de haber conseguido permanecer en la ignorancia, cosa bien fácil de alcanzar. Ser intelectual o aficionado al arte es tanto como ser afectado y de cualidades equívocas.
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Haz las cosas pequeñas con gran amor.
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No podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con un gran amor.
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No podemos hacer grandes cosas, sólo pequeñas cosas con gran amor.
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Dondequiera que vayas, busca siempre la belleza y la inmensa bondad de Dios.
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Mientras más se hacen asequibles al ser humano los frutos del conocimiento más se distribuye el declive de las creencias religiosas.
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El narcisismo de las pequeñas diferencias, es la obsesión por diferenciarse de aquello que resulta más familiar y parecido.
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Más cuesta mantener el equilibrio de la libertad que soportar el peso de la tiranía
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Me gusta pensar que cuando me equivoco no soy completamente yo, si no mas bien ese animal no pensante que hay en mi. Asi se puede ser mas permisivo con uno mismo
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El divorcio es el recurso heroico de las almas pequeñas.
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La innovación requiere ideas nuevas... La educación tiene una responsabilidad frente a la tradición...
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Aprender a andar en bicicleta no significa aprender a mantener el equilibrio, sino aprender a no perturbar ese equilibrio, aprender a no interferir.
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Al que va de prisa se le hace grande un pequeño estorbo.
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¿Te has inclinado a veces para tocar la tierra donde el musgo defiende las flores más pequeñas?
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El Hall había perdido su ritmo rutinario, y había un consuelo yo lo había advertido en otros hogares en duelo en las pequeñas tareas domésticas, realizadas a conciencia.
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Era como si algo se hubiese interpuesto entra las dos, sin que yo lo supiera: una especie de hilo. Me atraía hacia ella, dondequiera que estuviese. Era como...Es como si la amases, pensé.
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La cena era picadillo de cordero y pan con mantequilla; como podrán imaginar, con el hambre que tenía enseguida di buena cuenta del refrigerio. Mientras comía, se oyeron las lentas campanadas del reloj que yo había oído antes, dando las nueve y media.
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Pequeña es el alma de aquel a quien cosas terrenas debilitan.