¡Juegos de reyes! Respetan un molino y roban una provincia.
Frases célebres sobre: espe. [Página 124]
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Los pesimistas no son sino espectadores. Son los optimistas los que transforman el mundo.
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Y pasó el hombre sigilosamente, con un poco de asco, mirando a diestra y siniestra, como una reina anciana que visita un hospital. Parecía un tanto avergonzado del espectáculo: de aquellos cajones grises, blancos o negros, que tanto asustan a los hombres,
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Nunca jamás una carta a nadie, un mensaje, un retrato, ni la más leve esperanza. Siempre, a través de los años, el mismo silencio, la misma espera sin fin. Tan sólo aquel airoso caballo negro y aquella alegre yegua blanca que, al caer la tarde, solían mir
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Lo que le concedemos a la memoria quizá se lo quitamos a la especulación.
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Luchamos contra el infortunio, reanimemos nuestra fe, y esperemos en el porvenir, que si es a veces engañador, y si es imposible conocerlo, el velo que lo oculta está tejido por la mano de la misericordia.
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La gloria, la fama, la unanimidad es un espejismo. Siempre parecen más brillantes en otro.
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La gratitud de muchos no es más que la secreta esperanza de recibir beneficios nuevos y mayores.
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Conocer las cosas que lo hacen a uno desgraciado, ya es una especie de felicidad.
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Toda gran pasión no es sino esperanza prolongada
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Lo que nos hace amar las nuevas amistades, más que la fatiga que nos producen las viejas o el placer de cambiar, es el fastidio de no ser admirados por los que ya nos conocen mucho, y la esperanza de serlo más por los que nos conocen menos.
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La esperanza y el temor son inseparables y no hay temor sin esperanza, ni esperanza sin temor.
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La esperanza, no obstante sus engaños, nos sirve al menos para llevarnos al fin de la existencia por un camino agradable.
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Prometemos según nuestras esperanzas y cumplimos según nuestros temores.
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Apresurarse demasiado a corresponder un favor constituye una especie de ingratitud.
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El espectáculo se ha convertido en el valor de nuestra época. Ya no hay valores, nadie sabe qué cosa es buena, qué cosa es mala, qué cosa es bella, qué cosa es fea. Vivimos en una de las épocas más confusas de la historia
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Tiene que haber alguna razón psicológica profunda por la que volvemos instintivamente hacia casa en este momento tan especial, un lugar donde todos los días será Navidad, con todos juntos. En casa
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Hay una especie de revolución de carácter tan general que modifica los gustos así como los destinos del mundo.
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La esperanza y el miedo son inseparables.
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Y si he de depositar mi confianza en algún sitio, la otorgaría a la psique del observador sensible y libre de las convenciones del entendimiento. No tendría ninguna aprensión respecto al uso que este observador pudiera hacer de estas pinturas al servicio