Busque, dicen ellos. Yo busco mucho la expresión justa, la expresión sencilla, la expresión que conviene más al tema en cuestión, al pensamiento que se tiene, al sentimiento que anima, a lo que precede, a lo que sigue, al sitio que aguarda la palabra.
Frases célebres sobre: est. [Página 778]
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Sólo los pensamientos, tomados aisladamente, caracterizan a un escritor. Con razón los llamamos trazos, y los citamos; muestran la cabeza y el rostro, por así decirlo; el resto no muestra más que las manos. Hay fantasmas de autores y fantasmas de obras.
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Cuando las palabras están bien escogidas son abreviaciones de frases; las palabras son los cuerpos y el vínculo exterior de los pensamientos. Las palabras son sitios transparentes y los únicos espejos en los que pueden ser visibles nuestros pensamientos.
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Existen obras donde no hay lo que podría llamarse buena poesía, pero dan la idea de ello, y todo lo que da esta idea seduce al espíritu. Lo mismo puede decirse de muchos cuadros, que dan la idea de ser bellas pinturas sin que lo sean, e incluso de algunos
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El gusto en literatura se ha vuelto tan doméstico y la aprobación tan dependiente del placer que, para empezar, buscamos al autor en un libro, y en el autor, sus pasiones y sus humores; si éstos son parecidos a los nuestros, los apreciamos; si son distint
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La literatura. A lo que no tenga encanto y cierta serenidad no podremos llamarlo literatura. Incluso en la crítica debe hallarse alguna amenidad; si falta por completo, entonces ya no es literatura. En los periódicos encontramos todo el tiempo esta repele
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En la epopeya hay que mostrar, hasta en los rasgos del personaje, el destino que le aguarda, como se prevé el sacrificio hasta en el arreglo de las flores que servirán de corona a las víctimas.
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Siempre estamos pidiendo nuevos libros, pero en ésos que poseemos desde hace mucho tiempo hay inestimables tesoros de ciencia y de entretenimiento que desconocemos porque hemos decidido privarnos de ellos.
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Una blandura que no enternece, una energía que no fortalece nada, una concisión que no dibuja ningún tipo de rasgos, un estilo del cual no emanan ni sentimientos ni imágenes ni pensamientos no posee ningún mérito.
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Cuando en vez de sustituir las imágenes por las ideas, sustituimos las ideas por las imágenes, embrollamos el tema, oscurecemos su materia, volvemos menos clarividente el espíritu de los otros y también el nuestro.
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El estilo declamatorio tiene a menudo los inconvenientes de esas óperas en las cuales la música impide escuchar las palabras: en él las palabras impiden ver los pensamientos.
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Contraemos malos hábitos tanto para el estilo como para la escritura. Un espíritu demasiado tenso, un dedo demasiado contraído, perjudican la facilidad, la gracia, la belleza.
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Hay en la perfección de una obra algo que está ligado a la perfección del instrumento o del lenguaje; y en la fuerza de un gran talento hay algo de absolutamente independiente.
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Debemos reconocer como maestros de las palabras tanto a los que saben abusar como a los que saben hacer buen uso de ellas, mas éstos son los reyes de la lengua y aquéllos los tiranos.
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Lo que acarrea todos los males a nuestra literatura se halla en que nuestros sabios tienen poco ingenio y nuestros hombres de ingenio no son sabios.
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Entre el espíritu y el alma está la imaginación, que participa del uno y de la otra. Entre el espíritu y la imaginación está el juicio, está el gusto.
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Cuando comprendemos otras lenguas nada nos es más agradable que leer las traducciones. Estas alivian y ejercitan al mismo tiempo, ya que podemos comparar.
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Los libros, los pensamientos y el estilo moderado causan al espíritu el mismo buen efecto que un rostro tranquilo causa a nuestros ojos y a nuestros humores.
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Hay armonía en el espíritu siempre que hay exactitud en las expresiones. Ahora bien, cuando el espíritu está satisfecho, pone poca atención a lo que el oído desea.
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Lo importante, en la elocuencia y en las artes, no está en lo que decimos, sino en lo que dejamos oír; no está en lo que pintamos, sino en lo que dejamos imaginar.