Hoy es el primer día del resto de tu vida
Frases célebres sobre: est. [Página 912]
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El amor que se alimenta de regalos siempre está hambriento
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El que quiera azul celeste, que se acueste.
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Si tienes un título universitario puedes estar seguro de una cosa... que tienes un título universitario.
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Lo que frecuentemente pedimos a Dios no es que nos permita hacer su voluntad sino que apruebe la nuestra
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Me pica el bigote por chuparsela a un travesti en el Bosque de Palermo.
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Ley de Comb: Mucha gente que se lamenta de la estupidez de sus jefes se quedaría en la calle si no lo fueran tanto.
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Es mejor ser citado que ser honesto.
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Vive como si esperaras llegar a los cien años, pero estuvieras listo para morir mañana.
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Una mente bien informada, solía decir, es la mejor seguridad contra el contagio de la locura y del vicio. La mente no ocupada está pendiente de encontrar algo, y preparada para caer en el error, para escapar de lo que la rodea. Hay que llenarla con ideas,
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¡Oh, todo esto puede ser útil para mostrar que, aunque los viciosos pueden a veces llevar la aflicción a los buenos, su poder es transitorio y su castigo cierto; y que el inocente, aunque oprimido por la injusticia, apoyado por la paciencia, podrá triunfa
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Es reanimante y vivificador, como la llegada de la primavera para una persona enferma, su ánimo recibe por alguna razón el espíritu de la estación y sus ojos se iluminan con un brillo transitorio.
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¿Creéis que vuestro corazón está tan endurecido que podréis ver sin emocionaros los sufrimientos a los que me condenaríais?
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Entre los más tempranos entretenimientos de Emily estaba el corretear por los escenarios de la naturaleza. Prefería, eso sí, los paseos entre los bosques silvestres a los paisajes más tiernos, y aún más los refugios de las montañas, en los que el silencio
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¡Oh, Emily! ¡Cuánto tiempo he de estar condenado a vivir sin ti, cuánto tiempo pasará antes de que regreses a Francia!
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Las hojas de este sauce en el siglo pasado se murieron, para brillar cien veces más lozanas en la forma de un verso.
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Yo era libre, como tú, pero quería vivir demasiado. Mira, viento, mi cuerpo está frío y no hay a quién estrechar la mano...
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Sabemos que el presente está en la balanza y que se cumplirá. La hora del valor marcan nuestros relojes y él no nos abandonará.
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Esta es la canción de la última cita. Eché una mirada a la casa sombría. Tan sólo en la alcoba ardían las velas con una llama indiferente y mustia.
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Hay en la intimidad un límite sagrado que trasponer no puede aun la pasión más loca siquiera si el amor el corazón desgarra y en medio del silencio se funden nuestras bocas.