Vuestro amor al prójimo es vuestro mal amor a vosotros mismos.
Frases célebres sobre: est. [Página 941]
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No es licito querer devolver y restituir lo que el amor da: en el mar del amor debe estar ahogado todo instinto de restitución.
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No alrededor de los inventores de estrépito nuevo, sino en torno de los inventores de valores nuevos gira el mundo, silenciosamente.
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Aspiras a las libres alturas; tu alma anhela alcanzar el mundo de las estrellas. Más también tus malos instintos ansían la libertad.
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Y este ser sincero, el yo, habla del cuerpo y lo quiere incluso cuando sueña y se forja ilusiones y aletea con un batir de alas rotas.
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Su espíritu había perecido ahogado en su compasión; y cuando engrosaba y se desbordaba su compasión, siempre sobrenadaba una gran estupidez.
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Con múltiple espejo captaba yo aun su mirada cuando su boca estaba cerrada, para que me hablaran sus ojos. Y sus ojos me hablaban, en efecto.
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Y he de aprender aún a acercarme a ti con mayor modestia; demasiado impetuoso va aún hacia ti mi corazón.
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A pesar de que es malo; peor es silenciarlo, pues todas las verdades silenciadas acaban por destilar veneno.
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Estoy demasiado enardecido y abrasado por pensamientos propios, a tal punto que muchas veces me siento sofocado.
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Alguien dijo: hay dos personas sobre las cuales nunca he reflexionado a fondo: es el testimonio de mi amor por ellas.
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Vosotros miráis hacia arriba cuando ansias elevaros; yo miro hacia abajo, pues estoy elevado.
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Este mundo, eternamente imperfecto, imagen, e imagen imperfecta, de una contradicción eterna.
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Pues estaba acostumbrado a caminar en la noche y le gustaba mirarle a la cara a todo lo dormido.
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Un peligroso cruzar, un peligroso mirar hacia atrás, un peligroso estremecerse y detener el paso.
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Siempre es consolador pensar en el suicidio: de este modo se puede sobrellevar más de una mala noche.
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Vuestra virtud es vuestro propio ser, y no nada ajeno a vosotros; es piel y disfraz.
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Ay, también a vosotros, almas grandes, os susurra él al oído sus siniestras mentiras.
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Nuestra fe en otros revela en qué quisiéramos creer en nosotros mismos.
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Locura le llamó a esto; la excepción se convertiría para él en la regla.