Hay momentos en nuestras vidas en los que tenemos que reunir el valor para tomar ciertas decisiones que por alguna razón, van contra nuestro sentido común pero que han sido aconsejadas por sabias personas en las que confiamos
Frases célebres sobre: estr. [Página 178]
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Huye de la abyección, oh rey, sé un soldado, un caballero armado, aquel que combate valientemente al demonio, para no dispersarte y para que tu reino terrestre no sufra por ello
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En mi tercer año de edad, vi tal luz que mi alma se sintió estremecida, pero debido a mi corta edad, no pude decir nada
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Cuando amamos algo generalmente las emociones dominan nuestras acciones. Este es el regalo y el desafío que los emprendedores enfrentan día a día. Las compañías con las que soñamos y construímos pasan a ser algo intensamente personal. Son nuestras familia
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Siempre que las estrellas estuvieran en posición, podían saltar de un mundo a otro a través de los cielos; mas cuando las estrellas no eran propicias, Ellos no podían vivir. Pero aunque no pudieran vivir, tampoco morirían realmente.
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Sus voces hacen tremolar el viento y sus conciencias trepidar la tierra. Doblegan bosques enteros y aplastan ciudades, pero jamás bosque o ciudad alguna ha visto la mano destructora.
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Nuestra capacidad para evitar un sueño prolongado era sorprendente, ya que rara vez sucumbíamos más de una hora o dos a esa oscuridad que ahora se había convertido en espantosa amenaza.
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La naturaleza obra sin maestros.
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La señal del genio, su única gloria, la obligación hereditaria de los espíritus geniales estriba en inventar formas nuevas fuera de lo convencional y acostumbrado.
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Sólo dos legados duraderos podemos dejar a nuestros hijos: uno, raíces; otro, alas.
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Tu cimbreo, tu cintura me estremecían y el jardín parecía tener más rosas y el verano calor.
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Quiero música, maestro, se lo pido por favor, que esta noche estoy de tangos... Quiero hacerle un expediente al corazón, que tenga compás y canto...
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Como cien estrellas que jamás se apagan, brillan tus recuerdos en mi corazón. Ellos me regalan la ilusión del alba en la noche triste de mi cerrazón.
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Los excelsos regalos de los dioses no pueden ser destruidos con facilidad por los mortales hombres, ni ceder a sus fuerzas.
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La fortuna es como un vestido: muy holgado nos embaraza, y muy estrecho nos oprime.
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Para cantarle al amor no hay que mirar las estrellas, hay que ser hombre de honor y lo demás... no interesa.
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Había en nuestros sueños delirios de distancia, sabíamos que el agua corría rumbo al mar, y hacíamos barquitos con hojas de esperanza y vos eras la reina y yo era el capitán...
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Duele tanto la rutina de una vida siempre igual, la costumbre duele tanto, que esta noche, liberado del perfume de oficinas, ¡quiero música, maestro, hasta morir!
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Alguna vez, alguien que sea dueño de fuerzas geniales, tendrá que realizar el ensayo de la influencia de lo popular en el destino de nuestra América, para recién entonces poder tener nosotros la noción admirativa de lo que somos.
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El duende de tu son, che bandoneón, se apiada del dolor de los demás, y al estrujar tu fueye dormilón se arrima al corazón que sufre más.