El Hall había perdido su ritmo rutinario, y había un consuelo yo lo había advertido en otros hogares en duelo en las pequeñas tareas domésticas, realizadas a conciencia.
Frases célebres sobre: gar. [Página 215]
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Alegre cosa es llegar al logro de nuestros deseos.
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Es tan grande el placer que se experimenta al encontrar un hombre agradecido que vale la pena arriesgarse a hacer un ingrato.
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Quien pretende llegar a un sitio determinado emprenda un solo camino y déjese de tantear muchos a un tiempo pues esto último no es caminar sino vagar
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Nunca falta al avariento razón para negar.
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Cada día debemos juzgarlo una nueva vida.
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Tomado un amigo debe dársele crédito y antes de tomarle se le debe juzgar.
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El puente es más alto de lo que me imaginaba. ¡Nunca he estado en un lugar tan alto! Pensarlo me aturde. Toco mi calzado roto. ¿Puede una mujer curarse un pie en un puente público? No lo sé. El tráfico fluye rápido y continuo, como agua rugiente.
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A la opinión y fama démosles su lugar debido
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Aprendamos a aumentar la continencia, a enfrentar la demasía, a templar la gula, a mitigar la ira...
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En algún lugar del alma se extienden los desiertos de la pérdida, del dolor fermentado; oscuros páramos agazapados tras los parajes de los días.
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Soy el reino elevado por encima de tus hombros al que no halagarías ni puedes ignorar.
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Muchos abrían podido llegar a la sabiduría si no se hubiesen creído demasiado sabios.
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Incierto es el lugar en donde la muerte te espera; espérala, pues, en todo lugar
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La felicidad no mira dónde nace, sino adónde puede llegar
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El deseo de ser diferente de lo que eres es la mayor tragedia con que el destino puede castigar a una persona.
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El hombre hace suyo un lugar no sólo con el pico y la pala, sino también con lo que piensa al picar y palear.
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Todo ocurre siempre porque sí, y de la manera que tiene que ocurrir, de la manera que puede ocurrir, ésa es la verdad. No vale la pena indagar los detalles, cuando ya todo ha terminado. Pero en lo esencial, en lo verdadero, sí que vale la pena indagar, po
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Hay que limpiar la mente de prejuicios y de imágenes ajenas hacer el firme propósito de ver y juzgar por nosotros mismos, como si el objeto hubiera sido creado expresamente para regalo y deleite de nuestro intelecto.
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Es vulgarísima verdad que, en grado variable, el afán de aprobación y aplauso mueve a todos los hombres...