Yo siempre había estado convencida de que no ocupaba un espacio demasiado grande en el mundo. Cuando alguien se va, todos, tarde o temprano, acaban por acostumbrarse. Eso es así, sin duda alguna. Pero cuando me imaginaba a las personas a las que yo amaba
Frases célebres sobre: hab. [Página 112]
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Cuando viajo por Europa paso bastante tiempo en la habitación del hotel, repasando la cultura local a través de los programas de televisión.
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Es desgracia habitual en los ineptos la de engañarse al elegir profesión, al elegir amigos y al elegir casa.
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Hase de hablar como en testamento, que a menos palabras, menos pleitos.
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Nunca ha habido buena guerra ni tampoco mala paz.
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Una cocina de sueño. Habrá muchas, muchas. En mi corazón. O en la realidad. O en el destino de un viaje. O sola, o con muchos otros, o dos a solas, en todos los lugares de mi vida habrá seguramente muchas cocinas.
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Esta noche habéis votado para que actuemos, no para que hagamos la política habitual
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Tanto si me habéis dado vuestro voto como si no, os he escuchado, he aprendido cosas de vosotros, y habéis hecho que sea mejor presidente
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Gracias por creer hasta el final, a través de cada colina y cada valle. Me habéis llevado sobre vuestros hombros todo el camino y siempre agradeceré todo lo que habéis hecho y vuestro increíble esfuerzo
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Si todos los hombres estuvieran perfectamente satisfechos, ya no habría actividad en el mundo
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Has de hablar como en testamento, que a menos palabras, menos pleitos.
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Una habilidad mediana, con esfuerzo, llega más lejos en cualquier arte que un talento sin él.
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Bien está dos veces encerrada la lengua y dos veces abiertos los oídos, porque el oír ha de ser el doble que el hablar.
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Haz de hablar como en testamento, que a menos palabras, menos pleitos.
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El vulgo no es otra cosa que una sinagoga de ignorantes presumidos, que cuanto más hablan de las cosas menos las entienden
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Viven los sabios varones ya pasados, y nos hablan cada día en sus eternos escritos iluminados perenemente los venideros.
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Dibujaba como hablaba. Y en cualquier parte. Porque el dibujo también era un juego. Así que dibujaba en la calle, en las paredes, dibujaba con la tiza de las demoliciones, con los ladrillos, con carbón.
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Nunca la habían acariciado con tanto amor, un amor que la hacía desear su tacto. No el tacto odioso y doloroso que venía después, sino el tacto dulce que lo precedía.
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En el mundo suele llamarse habilidad a la falta de vergüenza
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El tiempo jamás había sido importante cuando él estaba a su lado. Años, días o semanas, todo se confundía en una mezcolanza en la que sólo importaba aquello: la palma de ella contra la suya. Por eso había sido tan dolorosa la traición. Ella había hecho qu