El comercio mezcla a los hombres, pero no los une.
Frases célebres sobre: homb. [Página 251]
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El hombre es capaz de llegar, impávido, al martirio; pero retrocede confuso ante el ridículo.
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Los hombres no dejan de jugar cuando se hacen viejos. Se hacen viejos cuando dejan de jugar.
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El avaro es el hombre que vive como pordiosero... por temor de llegar a serlo.
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El hombre próspero es como el árbol: la gente lo rodea cuando está cubierto de frutos; pero en cuanto los frutos han caído, la gente se dispersa en busca de un árbol mejor
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Los médicos son los más felices de los hombres: los éxitos que puedan tener son proclamados por el mundo entero, mientras que sus errores los cubre la tierra.
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El hombre noble debe ser tardo en el hablar y rápido en el obrar.
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Ser hombre es de por sí una circunstancia atenuante.
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Al hombre que hace fortuna en un año habría que ahorcarlo al cabo de doce meses
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Para juzgar a un hombre, no preguntes en qué se ocupa, sino en qué se desocupa
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No abandono mis esperanzas, por absurdas e irrealizables que sean. Continúo creyendo en la bondad innata del hombre. No se puede construir sobre la base de la muerte, la miseria y la confusión
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El orgullo divide los hombres, la humildad los une.
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Estoy dispuesto a reconocer la superioridad de la mujer con tal de no admitir su igualdad con los hombres.
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Las mujeres desconfían demasiado de los hombres en general y muy poco en particular.
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Los hombres superficiales creen en la suerte y creen en las circunstancias... los fuertes creen en las causas y en los efectos
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El hombre inteligente no es el que tiene muchas ideas, sino el que sabe sacar provecho de las pocas que tiene.
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El hombre desordenado pierde siempre un solo guante.
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El hombre hace dinero, pero el dinero no hace al hombre.
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Lo que me asombra es no haber abandonado por completo mis esperanzas, que parecen absurdas e irrealizables. Y, sin embargo, me aferro a ellas a pesar de todo y sigo creyendo en la innata bondad del hombre.
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Es el papel del científico -del honesto e inteligente hombre de letras, así como también del sacerdote honesto e inteligente- el mantener experimentalmente opiniones heréticas y prohibidas incluso si es para rechazarlas finalmente.