Las gentes vulgares no encuentran diferencia entre los hombres.
Frases célebres sobre: homb. [Página 358]
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La virtud de un hombre no debe medirse por su esfuerza, sino por sus obras cotidianas.
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Los hombres no aman naturalmente sino aquello que puede serles útil.
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Los hombres son tan necesariamente locos que sería estar loco, con otro género de locura, no estar loco.
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Miseria del hombre sin Dios implica felicidad del hombre con Dios.
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Los hombres sienten desprecio por la religión y temor porque sea cierta. Para remediar esto, es necesario empezar por demostrar que la religión no es contraria a la razón; después, que es venerable y digna de respeto; a continuación, hacerla amable e indu
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Todos los hombres se odian naturalmente entre sí.
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Todos los hombres se odian por naturaleza unos a otros.
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Para medir la virtud de cualquier hombre, no hay que mirarlo en las grandes ocasiones, sino en la vida diaria.
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Es triste ver como los hombres se ocupan sólo de los medios y no del fin.
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Cuando encontramos un estilo natural nos produce siempre deleite y sorpresa, pues esperábamos ver a un escritor y nos hemos encontrado con un hombre.
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Imaginemos un grupo de hombres encadenados, todos ellos, condenados a muerte, algunos de los cuales son decapitados cada día en presencia de los demás, quienes aguardan, perdida toda esperanza, que les llegue su turno: tal es la imagen de la condición hum
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El hombre, para sí mismo, es el objeto más prodigioso de la naturaleza.
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Todos los infortunios de los hombres derivan de no saber estarse tranquilos en sus casas
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La virtud de un hombre no debe medirse por su esfuerzo, sino por sus obras cotidianas
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Los hombres creen buscar sinceramente el reposo, y en realidad no buscan sino agitación.
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La mayoría de los males les vienen a los hombres por no quedarse tranquilos en casa.
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El hombre es naturalmente crédulo, incrédulo; tímido, temerario.
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Todos los infortunios de los hombres derivan una sola cosa: no saber quedarse tranquilos en una habitación. Pensamientos, fragmento 126.
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La grandeza de un hombre está en saber reconocer su propia pequeñez.