Dos cosas anhela el hombre de verdad: el peligro y el juego, por eso quiere a la mujer, que es el juguete más peligroso.
Frases célebres sobre: hombre. [Página 258]
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Amo el canto del cenzontle, pájaro de cuatrocientas voces amo el color del jade, y el enervante perfume de las flores; Pero amo más a mi hermano el hombre.
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Y en las noches de luna imaginaria sueña con la mujer imaginaria que le brindó su amor imaginario, vuelve a sentir ese mismo dolor, ese mismo placer imaginario y vuelve a palpitar el corazón del hombre imaginario.
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Cuando pasen los años y yo sólo sea un hombre que amó, un ser que se detuvo un instante frente a tus labios, un pobre hombre cansado de andar por los jardines, ¿dónde estarás tú?
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El hombre a quien el dolor no educó siempre será un niño.
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Dos cosas quiere el hombre de verdad: el peligro y el juego. Por eso quiere la mujer, que es el juguete más peligroso.
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Dos cosas quiere el hombre auténtico: peligro y juego. Por ello quiere a la mujer: el más peligroso de los juegos.
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La grandeza del hombre está en ser un puente y no una meta: lo que en el hombre se puede amar es que es un tránsito y un ocaso.
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La madurez del hombre es haberse reencontrado, de grande, con la seriedad que de niño tenía al jugar.
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-EL hombre libre, y mucho más el espíritu libre, pisotea esa especie de bienestar despreciable con que sueñan los tenderos, los cristianos y las vacas.
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Los que más han amado al hombre le han hecho siempre el máximo daño. Han exigido de él lo imposible, como todos los amantes.
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El hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza.
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La tierra tiene una piel, y esa piel tiene enfermedades. Una de esas enfermedades se llama hombre.
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El cristianismo se basa en la mentira de que el hombre no puede saber por sí mismo lo que es el bien y el mal
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Entre los hombres como en cualquier otra especie animal hay un exceso de enfermos, de degenerados, de débiles, de dolientes; los sanos constituyen una excepción.
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Mientras el sacerdote, ese negador, calumniador, envenenador profesional de la vida, siga siendo considerado como una especie superior de hombre, no habrá respuesta a la pregunta: ¿qué es la verdad?
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Cuanto más se eleva un hombre, más pequeño les parece a quienes no saben volar.
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Los monos son demasiado buenos para que el hombre pueda descender de ellos.
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La potencia intelectual de un hombre se mide por la dosis de humor que es capaz de utilizar.
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La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño.