Ahora está establecido en las ciencias que ningún conocimiento es adquirido excepto a través del estudio de sus causas y comienzos, si es que ha tenido causas y comienzos.
Frases célebres sobre: hora. [Página 52]
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Sin consideración, sin piedad, sin recato grandes y altas murallas en torno mío construyeron. Y ahora estoy aquí y me desespero. Otra cosa no pienso: mi espíritu devora este destino; porque afuera muchas cosas tenia yo que hacer.
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Fue un placer para mí jugar en Old Trafford, pero ahora en el Bernabéu empieza una etapa nueva en mi vida y nuevos desafíos. Yo quería jugar en este club y por eso estoy aquí
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En realidad yo he elegido dónde quería jugar. Estuve seis años en el Manchester y le debo todo lo que soy ahora. En Manchester hice historia y gané muchos títulos
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La lástima fue que ignorábamos verdaderamente el alma de la poesía, que consiste en la naturalidad, moderación y hermosura de imágenes vivas y afectos bien explicados; y, aunque decorábamos a Horacio, Virgilio y Lucano, este último nos arrebataba con su f
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¡Oh! si en las horas que se hunden lentas, murientes con el sol, también a ti los vientos te pulsaran, olvidado instrumento, ¡Corazón!
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Cuando el tiempo se atasca en sus rompeolas, tu acaso al suyo inmenso reconcilias, y afloras más precisa, memoria, de la oscura región donde bajabas, como ahora al escampar se espesa el verde en los ramajes, el bermejo en los muros.
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Del brazo tuyo he bajado por lo menos un millón de escaleras y ahora que no estás, cada escalón es un vacío.
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Desde el fondo de mi abatimiento miro ahora más allá de los Andes y quisiera con toda mi alma estar allí.
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Ahora que he llegado a la vejez, ¡cómo la detesto!
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Bebo para olvidar, pero ahora... no me acuerdo de qué
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Vacilan y caen los hombres sufrientes, ciegos, de una hora en la otra, como aguas de roca en roca lanzados, eternamente, hacia lo incierto.
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El reloj no marca nunca las horas para los dichosos
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Lo que debo hacer es morir ahora. Aceptar la justicia de la muerte y la injusticia de la vida.
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La felicidad es un usurero que, por un cuarto de hora de dicha que te presta, te hace pagar todo un cargamento de desgracias.
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Seré lo que he de ser. Pero ahora soy lo que soy. Hoy trabajaré escuchando el ritmo de mí ser. Desoyendo las voces del deberías. Trabajaré en armonía con mi ritmo. Permaneceré fiel a mí mismo.
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Me detesto y me acuso por esa demencia de orgullo que me hace jadear en pos de la quimera. Un cuarto de hora después, todo ha cambiado; el corazón me late de alegría.
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Es la hora en que me quedo solo y, mientras los demás duermen, abro el cajón donde guardo mis tesoros. Contemplo tus zapatillas, el pañuelo, tus cabellos, el retrato, releo tus cartas y aspiro tu perfume almizclado. ¡Si supieras lo que siento!
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Ahora siento hacia mis semejantes un odio sereno, o una piedad tan inactiva que es lo mismo.
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Ahora es el tiempo de los claroscuros, de las manos memoriosas, de esta indecisión con la que llega la mañana y entran por las rendijas los dedos del sol.