A la excelencia difícilmente se llega paseando a ritmo demasiado sosegado. Los triunfadores se apoderan de las oportunidades y les dan forma. Viven como obsesionados por las maravillosas ocasiones de cada día, convencidos de que lo único que no le sobra a
Frases célebres sobre: ida. [Página 1003]
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¿Qué legaron la confianza, la tributación progresiva y el Estado intervencionista a las sociedades occidentales? Seguridad, prosperidad, servicios sociales y mayor igualdad.
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Toda sociedad que destruye el tejido de su Estado mantenido con los impuestos y los servicios públicos de todos no tarda en desintegrarse en el polvo y las cenizas de la individualidad.
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No es necesario estar familiarizado con Sócrates para saber que una vida que no se somete a examen no vale demasiado. Una sociedad justa es aquella en la que la justicia se practica de forma habitual.
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El hombre más pobre tiene una vida que vivir, igual que el más poderoso.
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Evitar los extremos es una virtud moral en sí misma; además de una condición para la estabilidad política y social.
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El único placer de la vida en Ginebra es que allí cada cual puede morir como le dé la gana. Hay mucha gente decente que ni siquiera llama al cura.
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Un capuchino decía: ¡Qué sabio ha sido Dios poniendo la muerte después de la vida! Porque si la hubiera puesto antes, no hubiéramos tenido tiempo para hacer penitencias.
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Detesto lo que escribes, pero daría mi vida para que pudieras seguir escribiéndolo.
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Las mujeres son como las veletas: sólo se quedan quietas cuando se oxidan.
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La oportunidad de hacer mal se presenta cien veces cada día, y la de hacer bien sólo una vez en un año.
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Detesto lo que escribes, pero daría mi vida para que puedas seguir escribiendo.
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La más feliz de todas las vidas es una soledad atareada.
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La parte más filosófica de las historia es hacer conocer las tonterías cometidas por los hombres.
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En cierta ocasión hubo que escoger rey entre los árboles. El olivo no quiso abandonar el cuidado de su aceite, ni la higuera el de sus higos, ni la viña el de su vino, ni los otros árboles el de sus respectivos frutos; el cardo, que no servía para nada, s
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La religión mal entendida es una fiebre que puede terminar en delirio.
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Todos estamos llenos de debilidades y errores; perdonémonos recíprocamente nuestras tonterías: es ésta la primera ley de la Naturaleza.
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Lo que llamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido.
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Los amigos nos abandonan con demasiada facilidad, pero nuestros enemigos son implacables.
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Un minuto de felicidad vale más que mil años de gloria.