En aquellos tiempos yo no tenía la menor idea de lo que quería hacer con mi vida. Pero como Kiyo no hacía más que insistir en que si me lo proponía llegaría a ser alguien importante, me lo acabé creyendo.
Frases célebres sobre: ida. [Página 690]
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Si en este mundo no puede vencer la honestidad, vencerá en el otro.
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Un simple minuto puede convertirse en una eternidad sempiterna, a la vez que diez milenios pueden transcurrir en un abrir y cerrar de ojos.
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El hombre quiere que la mujer sea pacífica; pero en realidad es esencialmente belicosa, como el gato.
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Dejando a un lado unos cuantos escépticos, prototipos de decencia en la historia de la filosofía, los demás no tienen la más leve concepción de la integridad intelectual.
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Amamos la vida no porque estamos acostumbrados a vivir sino a amar.
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La vanidad de otro no va contra nuestro gusto, sino cuando va contra nuestra vanidad.
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El que niega su propia vanidad suele poseerla en forma tan brutal, que debe cerrar los ojos si no quiere despreciarse a sí mismo.
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Lo que decían le parecía absurdo, pero pensó que estarían inmersas en una discusión trasnochada y mil veces repetida, cómoda como un viejo sillón, de esas discusiones que ni se ganan ni se pierden, y que pueden durar eternamente si así lo desean ambas par
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En algunos la capacidad es una virtud; en muchos es casi un vicio
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Una profesión es el espinazo de la vida
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La vida es un manantial de goces; pero donde la canalla deja envenenadas las fuentes
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Una alianza es más sólida si los aliados, mas bien que conocerse mutuamente, creen los unos en los otros: por ello, entre enamorados, la alianza es más sólida antes que después de la unión matrimonial
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<<Yo>> y <<mí>> dialogan con demasiada asiduidad
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La vocación es la espina dorsal de la vida
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El sentimiento de lo trágico aumenta y disminuye con la sensualidad.
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La vida misma es la voluntad de dominar.
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La física no es más que una interpretación del mundo a la medida de nuestros deseos.
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Lo que se llama libre albedrío no es más que el sentimiento de superioridad respecto de quien debe obedecer.
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La vulgaridad de muchas naturalezas se manifiesta como agua corrompida cuando una gran reliquia pasa cerca.