Los jóvenes y los criados son los más difíciles de manejar. Si los tratáis con familiaridad, se tornan irrespetuosos; si los ponéis a distancia, se resienten.
Frases célebres sobre: ida. [Página 92]
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Quien pretenda una felicidad y sabiduría constantes deberá acomodarse a frecuentes cambios.
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Señal es de hombre superior el no aceptar una ociosidad perniciosa.
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Si no conoces todavía la vida, ¿cómo puede ser posible conocer la muerte?
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Tened siempre presente la debilidad humana: es de vuestra naturaleza caer y cometer faltas.
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Un erudito que no sea serio no inspirará respeto, y su sabiduría, por lo tanto, carecerá de estabilidad.
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Un hombre no trata de verse en el agua que corre, sino en el agua tranquila, porque solamente lo que en sí es tranquilo puede dar tranquilidad a otros.
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Un hombre sin virtud no puede morar mucho tiempo en la adversidad, ni tampoco en la felicidad; pero un hombre virtuoso descansa en la virtud, y el hombre sabio la ambiciona.
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Una casa será fuerte e indestructible cuando esté sostenida por estas cuatro columnas: padre valiente, madre prudente, hijo obediente, hermano complaciente.
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El sueño tras el esfuerzo, tras la tempestad el puerto, el reposo tras la guerra, la muerte tras la vida harto complace.
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La fuerza de uno es solo un accidente que se deriva de la debilidad de los otros.
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Y, de pronto me invadió una gran satisfacción, al pensar en la gran seguridad que ofrece el mar si la comparamos con las tribulaciones que hay en tierra, y al considerar mi decisión de adoptar esta vida que no me presentaría problemas inquietantes, vida a
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Creí que era una aventura y en realidad era la vida.
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Las historias de los marinos son de una simplicidad directa, cuyo significado cabe todo en una cáscara de nuez.
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La vida es una bufonada: esa disposición misteriosa de implacable lógica para un objetivo vano. Lo más que se puede esperar de ella es un cierto conocimiento de uno mismo, que llega demasiado tarde, y una cosecha de remordimientos inextinguibles.
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Cuando la edad de las pasiones ha pasado ¿qué otra cosa podemos desear si no es evadirnos de la vida con la menor cantidad posible de dolor?
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Darle la ciudad no es decisión mía ni la de alguno de sus habitantes; hemos decidido por nuestra propia voluntad el combatir, y no salvar la vida.
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Vaya que ha llegado el momento, en que el enemigo de nuestra fe nos amenaza por cualquier sitio... Confío a ustedes, en su valor, en esta espléndida y célebre ciudad, en nuestra patria.
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Hay cuatro razones principales por las que vale la pena morir: la fe, el hogar, la familia y el basileus. Ahora ustedes deben estar dispuestos a sacrificar sus vidas para estas cosas, así como yo también estoy dispuesto a sacrificar mi propia vida.
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No hay una segunda oportunidad en la tierra de las mil danzas, en el valle de los diez millones de locuras.