Gran libertad de espíritu adquirirán los que sigan el camino angosto, despojándose de todos los cuidados del mundo
Frases célebres sobre: ida. [Página 999]
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¡Qué vida ésta en que no faltan tribulaciones y miserias, en que hay emboscadas y enemigos por doquier!
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No hay castidad segura, si tú no la proteges
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Hombres cuya vida parecía laudable en bajísimas cosas han caído
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Tu vida es nuestro sendero
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La serenidad no es estar a salvo de la tormenta, sino encontrar la paz en medio de ella
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La obra exterior sin caridad no aprovecha, pero lo que se hace con caridad, por poco y despreciable que sea, se hace todo fructuoso
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Mejor es esconderse y cuidar de sí, que con descuido propio hacer milagros
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Recuerda los padecimientos graves de otros, para que sufras con más facilidad los pequeñísimos tuyos
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No permitas que tu tranquilidad dependa de los sentimientos de los hombres. Cualquier cosa que digan acerca de ti, buena o mala, no lo eres a causa de otro hombre; porque así eres tú.
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Si supieses toda la Biblia a la letra y los dichos de todos los filósofos, ¿qué te aprovecharía todo sin caridad y gracia de Dios?
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Tu perfecta felicidad está en Dios, creador de todos los bienes
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No hay orden o religión tan santa ni lugar tan secreto donde no haya tentaciones y adversidades
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La acción de entender consiste en que la formalidad o concepto de la cosa conocida se encuentre en el cognoscente; en cambio, el acto de la voluntad se perfecciona por el movimiento hacia la cosa tal como es en sí
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Existen bienes particulares que no dicen relación necesaria con la felicidad, ya que sin ellos uno puede ser feliz. A tales bienes no se adhiere la voluntad necesariamente
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La espiritualidad cristiana no tiene más norma que la de seguir a Cristo maestro
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Dios, que es acto puro y no tiene nada de potencialidad, tiene un poder activo infinito sobre las demás cosas
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La humanidad no puede vivir sin ideales. Si no tuviera más ideales, habría habido una mutación de la especie. Hay momentos de ceguera e inconsciencia, pero uno se puede despertar de esos momentos.
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A veces los escritores, y también los críticos y los profesores, olvidan que la gran vocación de la literatura es hacer sentido de nuestra vida, y la encierran en un ejercicio estéril, puramente formal.
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Por primera vez el tema central y el principio organizador del cuadro ya no es la historia santa, ni los mitos griegos, ni la vida heroica de personajes ilustres, sino la vida cotidiana de las personas anónimas.