Ahí radica la gran tarea humanista e histórica de los oprimidos: liberarse a si mismos y liberar a los opresores.
Frases célebres sobre: ismo. [Página 188]
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El tiempo no es algo que corra siempre al mismo ritmo. Somos nosotros quienes determinamos el ritmo del tiempo
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Dios es el mismo, aunque tenga mil nombres; pero tienes que escoger uno para llamarlo
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La calma absoluta no es la ley del océano. Lo mismo ocurre en el océano de la vida.
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Nada se lo impedirá, excepto él mismo
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La mayor victoria está en vencerse a sí mismo.
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El amor no está en el otro, está dentro de nosotros mismos; nosotros lo despertamos. Pero para que despierte necesitamos del otro
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Si los mataderos tuvieran paredes de cristal, todos serían vegetarianos. Nos sentimos mejor con nosotros mismos y con los animales, sabiendo que no contribuimos a su dolor.
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Los números hablan por sí mismos en términos de todo lo que hemos hecho.
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Los libros tienen los mismos enemigos que el hombre. El fuego, la humedad, los animales, el tiempo y su propio contenido.
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El erotismo sobrevive a todo.
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Los problemas eran los mismos, queríamos paz en la tierra, amor y tolerancia entre las personas de todo el mundo. Hemos aprendido que el cambio es lento.
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El fanatismo aparece donde un genio se rodea con un manojo entero de idiotas.
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En toda discusión, no es una tesis la que se defiende sino a uno mismo.
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Seducimos valiéndonos de mentiras y pretendemos ser amados por nosotros mismos.
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Pese a que aproximadamente un 80% de las riquezas del mundo se enuentran en manos de un 20% de las personas, si juntásemos todas esas riquezas y las repartiésemos de manera equitativa, en cinco años tales riquezas estarían en las manos del mismo 20% inici
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El que se apoya en los demás ve cómo vacila el mundo; el que se apoya en sí mismo se mantiene seguro
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Un hombre libre otro hombre libre y es el mismo animales exaltados ante el miedo con máscara de barro muertos prisioneros locos todos los ausentes. Pero tú por qué no estás aquí tú para despertarme.
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Si te vas la puerta se abre hacia mí mismo, y por primera vez deseándonos sólo el uno al otro.
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Decían que la atención de un vigilante disminuía cuando estaba demasiado tiempo de servicio en el mismo lugar; su percepción de los sucesos del entorno se embotaba: se volvía perezoso, descuidado y, por lo tanto, inservible para sus tareas...