Los órdenes naturales, tales como el mercado, no pueden ser captados por nuestros sentidos, sino que sólo cabe descubrir su existencia por vía del intelecto.
Frases célebres sobre: ist. [Página 304]
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Si la civilización es fruto de inesperados y graduales cambios en los esquemas morales, por mucho que nos desagrade, nos veremos obligados a concluir que no está al alcance del hombre establecer ningún sistema ético que pueda gozar de validez universal.
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Considérese como cosa decidida que son distintos la fe y el saber y que, por tanto, no sabemos nada de Dios.
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La historia no es el lugar de la felicidad. Los periodos de felicidad son páginas blancas.
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Explicar la historia es tanto como descubrir las pasiones de los hombres, su genio, sus fuerzas operantes; y a esa seguridad de la providencia suele llamársela su plan.
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El encanto de la belleza estriba en su misterio; si deshacemos la trama sutil que enlaza sus elementos, se evapora toda la esencia.
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No existe ningún hombre que si puede ganar el máximo se conforme con el mínimo.
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Hay que distinguir al hombre de su cargo.
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Nada existe en el mundo que sea insignificante.
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La libertad sólo existe en el mundo de los sueños.
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Hablar con mucha cortesía a veces conquista y otras empalaga.
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La libertad existe tan sólo en la tierra de los sueños.
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Inventar, es ver lo que todos han visto y pensar lo que nadie ha pensado.
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Dadme una mujer a la que le guste la cerveza y conquistaré el mundo.
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No existe ningún autorretrato mío. No me interesa mi propia personalidad como objeto de un cuadro, sino más bien me interesan otras personas, en especial mujeres, otras apariencias...estoy convencido de que como persona no soy especialmente interesante.
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El artista es mediocre cuando razona en vez de sentir.
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El verdadero progreso democrático no consiste en rebajar la elite al nivel de la plebe, sino en elevar la plebe a la elite
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A principios del siglo XVII bautizar a todos los esclavos antes de que partieran de África. Por lo general a los cautivos no se les daba ninguna instrucción religiosa antes de la ceremonia y muchos de ellos, acaso la mayoría, ni siquiera sabían que existí
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Cuando entré en tu casa me pareció volver de nuevo al pasado, a uno de esos hermosos crepúsculos tristes del año 1843, cuando aspiraba el aire desde mi ventana, lleno de tedio y con la muerte en el alma.
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Ya se trate de ciencia o historia, es preciso desconfiar de la ignorancia que se encierra bajo el término fatalidad.