En el jardín de la Iglesia se cultivan: Las rosas de los mártires, los lirios de las vírgenes, las yedras de los casados, las violetas de las viudas.
Frases célebres sobre: jardín.
Hay un total de 83 freses célebres sobre "jardín" este sitio web.
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Un cronopio es una flor, dos son un jardín
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Cultivo mi jardín. Y en mi vida profesional como en mi parcela de jardín, ¡tengo muy bien la intención de excluir los nabos!
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El amor por el trabajo en el jardín es una semilla, que no desaparece nunca, sembrada una vez.
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Si de algo quiero tener el gusto antes de morir es de no volver a ver tu horrible y bastarda cara de malnacido rondar por mi jardín.
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Si Motörhead se muda a tu vecindario, no crecerá más hierba en tu jardín.
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Cuando uno barre las hojas muertas del jardín, es el jardín lo que importa.
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Quiero ser tu medicina, tus silencios y tus gritos, tu ladrón, tu policía, tu jardín con enanitos.
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Mi jardín es mi más bella obra de arte.
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He reducido el mundo a mi jardín y ahora veo la intensidad de todo lo que existe.
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... cualquier actividad mundana puede llegar a ser meditativa. Cavar un hoyo en el jardín, plantar nuevas rosas en el jardín - puedes hacerlo con un tremendo amor y compasión, puedes hacerlo con las manos de un Buda. No hay contradicción ... Yo te digo, c
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La Bombonera es como el jardín de mi casa: no puedo jugar en otro lado
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... Escuchame por favor... he vivido una vida. Deja de hacer todo solo, por favor. No has escuchado a nadie desde que tuviste cuatro años y te fuiste al jardín de infantes a conquistar el mundo. Tenías cuatro años y medio y creías ser el presidente de la
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Estás ciego al creer que podrás evitar este jardín de gente. Con dinero no se inventa el amor.
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En verdad te digo, no era una carta, sino un jardín de rosas adornado con jacintos y flores. Contenía la dulce fragancia del paraíso, y el céfiro del Amor Divino emanó de sus floridas palabras.
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En el jardín de tu corazón no plantes sino la rosa del amor, y no liberes al ruiseñor del afecto y del deseo. Aférrate a la compañía de los justos y elude toda asociación con los impíos.
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Estabas en mi casa, mirabas mi jardín, eras muy bello. Yo te maté. ¡Oh si pudiera ahora darte otra vez la vida, yo que te di la muerte!
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Una oscura e inquieta castidad puso una flor para mí en el jardín más secreto en un horizonte de gracia y claridad intangible y próximo. Promesa estática en la luz de la luna de la densidad en mí corpórea no es la culpa, es la memoria de la primera mañana
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Siempre has dicho que no puedes vivir sin música: ¿Quién cantará para ti, quién tocará para ti? Los pájaros, en el jardín; el mar, en torno mío. ¡Escucha! Oye ese maravilloso mezzo-soprano: es la oropéndola. ¿No es más bella su voz que la de nuestra céle
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Algo de ti que en mí vive basta a mi dicha esencial; algo de ti que en mí falta trueca el jardín en erial.