Porque yo tuve un día una mañana y un amor. Fino y frío amor, tan claro que lo empañaba el tacto de pensarlo
Frases célebres sobre: mañana. [Página 26]
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Que en lugar de apuntar hacia un enemigo difuso, es mejor esperar que se torne en amigo, es mejor contar hasta diez con el palo en la mano, es mejor dejar una salva para mañana.
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Un buen plan hoy es mejor que uno perfecto mañana.
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Cuando un amigo nos pide algo, la palabra mañana no existe.
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Ayer se fue; mañana no ha llegado
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A usted le encantaría coger una camioneta, venirse de madrugada a mi casa y por la mañana aparecer yo bocabajo en una cuneta
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¿Son ustedes felices? Imagínense que no hay mañana, la vida es hoy y hoy no existe.
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Por eso te digo que... vamos al grano sin echarnos de menos, sin promesas ni mañanas, ni de espera de llamada.
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Si un corazón triste pudo ver la luz, si hice más liviano el peso de tu cruz, nadie tiene a nadie y yo te tengo aún, dentro de mi alma. Siento que me amas, chau, hasta mañana.
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Un actor es un señor que hoy come faisán y mañana se come las plumas.
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No vengo con ánimo de látigo pero si tengo que decidir lo haré y hoy mejor que mañana porque todo problema que no se arregla se pudre y es mejor decidir y equivocarse que no hacer nada.
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No hagas hoy lo que puedas dejar de hacer también mañana.
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Lo que cuenta no es mañana, sino hoy. Hoy estamos aquí, mañana tal vez, nos hayamos marchado.
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No hay mejor lana que no tener mañana, ni mejor bronce que tener años once.
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Las pajas del pesebre niño de Belén hoy son flores y rosas, mañana serán hiel. Lloráis entre pajas, del frío que tenéis, hermoso niño mío, y del calor también. Dormid, Cordero santo; mi vida, no lloréis; que si os escucha el lobo, vendrá por vos, mi bien
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Vamos. Un paseíto a caballo en una mañana tan hermosa es preferible a dormir una hora más.
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Alumbra el día de mañana con el de hoy.
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Tuvo entonces la brusca convicción de que el dinero constituía el estiércol en medio del cual surgía aquella humanidad del mañana.
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Cada mañana, al despertar, resucitamos; porque al dormir morimos unas horas en que, libres del cuerpo, recobramos la vida espiritual que antes tuvimos cuando aún no habitábamos la carne que ahora nos define y nos limita, y éramos, sin ser, misterio puro e
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Qué poco todo, mi amor, y cómo es corta la esperanza, cuando venimos a verla ya se nos acaba y están los hijos corriendo más allá de la mañana.