Desde luego que es un riesgo casarse con alguien concedió Charlotta IV; pero una vez que está hecho, hay muchas cosas peores que el marido.
Frases célebres sobre: marido. [Página 3]
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Marido en el demonio;
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No acariciés jamás a vuestro marido en forma insistente sino cuando sintáis deseo de engañarlo.
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Si alguna vez, sin embargo, sois descubiertas hasta el punto de no poder negar vuestra conducta adúltera, jurad que sentís remordimientos y redoblar las atenciones y los mimos a vuestro marido.
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Es más fácil quedar bien como amante que como marido; porque es más fácil ser oportuno e ingenioso de vez en cuando que todos los días.
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Cuando un marido y una mujer se comprenden, sólo el diablo sabe quién comprende a quién.
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Un buen marido nunca es el primero en dormirse por la noche ni el último en despertarse por la mañana.
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Es mucho más fácil quedar bien como amante que como marido; porque es mucho más fácil ser oportuno e ingenioso de vez en cuando que todos los días
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En un marido no hay más que un hombre; en una mujer casada hay un hombre, un padre, una madre y una mujer
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Es necesario ser casi un genio para ser un buen marido.
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Las lágrimas son inútiles, a menos que esté el marido presente para verlas derramar.
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Conozco a centenares de maridos que volverían felices al hogar si no hubiera una esposa que les esperara. Quiten a las esposas del matrimonio y no habrá ningún divorcio.
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Conozco a centenares de maridos que serían felices de volver al hogar si no hubiese una esposa esperándoles.
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¿Quiere usted casarse conmigo? ¿Le dejó mucho dinero su difunto marido? Conteste primero a la segunda pregunta.
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Los reyes son como los maridos engañados; siempre son los últimos en saber el mal papel que les hacen desempeñar sus consejeros.
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Los maridos no son nunca amantes tan maravillosos como cuando están traicionando a su mujer.
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Los defectos de los maridos a menudo son causados por el exceso de virtudes de sus esposas.
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Mas ahora, aunque el marido devorado esté por celos y tenga la barba azul, o bien negro tenga el pelo, le domina la mujer con la dulzura y talento.
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Era tu amante, pero eso podías tú, Paula, negarlo. Hete aquí que es tu marido: ¿acaso, Paula, puedes negarlo?
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Las vecinas y los amigos no esperaron a que les llamasen para ir a casa de la recién casada, pues grandes eran sus deseos de verlo todo, que no se atrevieron a realizar estando el marido, porque su barba azul les espantaba.