La confesión de los pequeños defectos es frecuentemente un deseo de dar a entender que no tenemos otros mayores
Frases célebres sobre: men. [Página 500]
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La felicidad y la desgracia acuden ordinariamente a los seres que ya son felices y desgraciados
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Nuestras fuerzas sobrepujan casi siempre a nuestra voluntad; el presentarnos a la imaginación propia como imposibles ciertas cosas, es solamente una excusa que nos ponemos a nosotros mismos
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Fácilmente triunfa la filosofía de los males pasados y futuros, pero los males presentes triunfan de la filosofía
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Antes de desear ardientemente una cosa, debemos cerciorarnos cuidadosamente de la felicidad que proporciona al que la posee
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Aunque los hombres se vanaglorian de sus grandes obras, frecuentemente no son estas el resultado de un noble propósito, sino efecto del azar
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El deseo de parecer listo impide a menudo el llegar a serlo
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La pasión convierte a menudo en loco al hombre más cuerdo, y vuelve listos a los más necios
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A menudo se juzga a los hombres por el crédito de que gozan o por las riquezas que poseen.
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El orgullo, que nos inspira tanta envidia, a menudo nos sirve también para moderarla.
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Tiene que haber alguna razón psicológica profunda por la que volvemos instintivamente hacia casa en este momento tan especial, un lugar donde todos los días será Navidad, con todos juntos. En casa
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El hombre que valora sus amigos generalmente es oro macizo de si mismo
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Gracias Dios, por la dignidad y la belleza de uno mismo. Por la presiocidad de ser innatos. La única cosa que no puede ser tomado de nosotros. La única cosa que realmente cuenta
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Si no nos aduláramos jamás mutuamente, la vida sería menos placentera.
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Creemos a veces odiar la adulación, pero lo que realmente odiamos es la manera de adularnos.
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Muchas veces se hace el bien para poder hacer impunemente el mal.
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La gratitud es como la buena fe de los mercaderes, que sostiene el comercio; y si pagamos, no es porque sea justo saldar nuestras cuentas, sino para encontrar más fácilmente gentes que nos presten.
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Querer conservar la salud siguiendo un régimen demasiado riguroso es una enfermedad irritante.
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Nuestra sabiduría no se encuentra menos a merced del azar que nuestra propiedad.
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Defender o negar nuestro defectos cuando se nos reprenden, es aumentarlos.