Más fácilmente triunfan los que fingen estar enamorados, que quienes de veras lo están.
Frases célebres sobre: men. [Página 583]
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Los juramentos son la moneda falsa con la que se paga la mercancía del amor.
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Los hombres que fingen estar enamorados consiguen más que los que verdaderamente lo están
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La belleza es una carta de recomendación a corto plazo.
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La mente crea el puente, pero es el corazón el que lo cruza
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Para desterrar el mal, no hay que combatirlo, sino trabajar enérgicamente en dirección al bien
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El futuro dejado a sí mismo, solamente repite el pasado. El cambio sólo puede ocurrir ahora
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Viendo claramente la confusión, uno se libera de la confusión
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La ciencia no es sino una perversión de sí misma a menos que tiene como objetivo final el mejoramiento de la humanidad.
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Los juramentos de amor son como los votos de los maridos: se olvidan pasada la tormenta.
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Cuando más logra usted aumentar el miedo a las drogas y el crimen, las madres desamparadas, los inmigrantes y alienados, más controla a toda la gente.
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Mi alma entera es un grito, y toda mi obra es el comentario sobre ese grito.
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Qué difícil, qué extremadamente difícil para el alma separarse de su cuerpo el mundo: de montañas, mares, ciudades, gente. El alma es un pulpo y ésos son sus tentáculos... Ninguna fuerza sobre la tierra es tan imperialista como el alma humana. Ocupa y a s
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El tiempo ha llegado a ser para mí el bien supremo. Cuando veo a los hombres pasearse, vagar o malgastar el tiempo en discusiones vanas, me dan deseos de ir a una esquina a tender la mano como un mendigo: Dadme una limosna, buenas personas; dadme un poco
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Me recuerdo claramente. Antes de experimentar compasión por los hombres, experimenté en mí mismo la vergüenza. Tenía vergüenza de ver el sufrimiento de los hombres y de esforzarme por transformar todo ese horror en un espectáculo efímero y vano.
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Lo peor que le puede pasar a un religioso es una doble vida, sea rabino, cura o pastor. En una persona común, puede suceder que tenga su hogar acá y su nidito allá y que no parezca tan condenable, pero en un hombre religioso es absolutamente condenable.
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La Patria florece cuando vemos en el trono a la noble igualdad, como bien dice nuestro himno nacional. La injusticia en cambio lo ensombrece todo. Qué triste es cuando uno ve que podría alcanzar perfectamente para todos y resulta que no.
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No siempre es necesario, para que una mujer sucumba, que esté enamorada; en ciertos momentos, cualquier mujer puede sucumbir, sin que ni ella misma se lo explique después.
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El amor nunca se muere de hambre, generalmente lo hace por indigestión.
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La virtud femenina no es más que una conveniente invención masculina.