Dios quiere que amemos, que seamos imagen y semejanza suya. Porque, como dice san Juan, Él es Amor.
Frases célebres sobre: mor. [Página 11]
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El amor de Dios sigue, en ocasiones, caminos impensables, pero alcanza siempre a aquellos que se dejan encontrar.
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El amor es la única fuerza capaz de cambiar el corazón del hombre y de la humanidad entera.
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El hombre lleva en sí mismo una sed de infinito, una nostalgia de eternidad, una búsqueda de belleza, un deseo de amor, una necesidad de luz y de verdad, que lo impulsan hacia el Absoluto; el hombre lleva en sí mismo el deseo de Dios.
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En una sociedad donde no hay algo por lo que valga la pena morir, tampoco hay nada por lo que valga la pena vivir.
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La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino.
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Si dejamos que el amor de Cristo cambie nuestro corazón, entonces nosotros podremos cambiar el mundo. Ese es el secreto de la auténtica felicidad.
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Toda obra de caridad auténtica es entonces una manifestación concreta del amor de Dios por los hombres y así se convierte en anuncio del Evangelio.
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La suprema unidad no es la unidad de la vidriosa monotonía. El modelo de unidad no es la indivisibilidad del átomo que ya no puede dividirse en una unidad más pequeña; la forma suprema y normativa de unidad es la que suscita el amor. La unidad de muchos c
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Una condición previa para la paz es el desmantelamiento de la dictadura del relativismo moral y del presupuesto de una moral totalmente autónoma, que cierra las puertas al reconocimiento de la imprescindible ley moral natural inscrita por Dios en la conci
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El egoísmo es connatural al hombre; pero de ningún modo significa la aceptación de sí mismo. Hay que vencer al primero y hay que descubrir a la segunda. Uno de los errores más peligrosos de los pedagogos y moralistas cristianos es que a menudo confunden e
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Existe el pelagianismo de los piadosos. Quieren el orden puro: no perdón sino justa recompensa, no esperanza sino seguridad...Les falta la humildad esencial para el amor, la humildad de recibir dones más allá de su actuar y merecer. El corazón del hombre
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El cristianismo no es un moralismo
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Cuando habla la Iglesia mucha gente sólo conserva en la memoria alguna prohibición moral -casi siempre relacionada con la sexualidad- y, por eso, le parece que la Iglesia sólo se ocupa de juzgar y de restringir la vida. Tal vez se haya dicho demasiado, y
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La esencia del amor se puede definir como: Es bueno que tú existas; una aprobación general hacia el otro. El amante descubre la bondad del ser en esa persona, está contento de su existencia, dice sí a esa existencia y la confirma. Antes de cualquier otro
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La fe cristiana afirma, sin embargo, que el hombre se vuelve profundamente en sí mismo no por lo que hace, sino por lo que recibe; tiene que esperar el don del amor y el amor solo puede recibirlo como don...El hombre solo se hace plenamente hombre, cuando
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El amor engloba la existencia entera y en todas sus dimensiones, incluido también el tiempo. No podría ser de otra manera, puesto que su promesa apunta a lo definitivo: el amor tiende a la eternidad
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Para el amor no hay ningún título jurídico, ni se apoya tampoco en las excelencias morales o de cualquier otro tipo. El amor es esencialmente un acto libre; de lo contrario no es amor. Eso lo pasamos por alto las más de las veces con nuestro moralismo. En
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La unidad, lo definitivo y la indivisibilidad del amor entre el hombre y la mujer, en último término sólo pueden realizarse y comprenderse en la fe en la unidad e indivisibilidad del amor de Dios
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Jesús es el inventor del amor desinteresado. Vosotros me diréis que el amor ya existía. ¡Es verdad! También las ondas de radio, y la electricidad existen desde siempre, pero si no había alguien que las descubriera, no lo hubiéramos sabido. Jesús ha declar