Sentir amor por otro me colocará en el engranaje de la existencia que llevan los demás, y de la que ahora estoy excluido.
Frases célebres sobre: mor. [Página 172]
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Las agonías del remordimiento envenena los pequeños placeres que algunas veces produce el exceso de pena.
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Pánico. La escalera se derrumba sobre los amores de los gatos.
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Las hermosas sacerdotisas de Venus, que acudían día tras día a quemar su incienso en los altares del amor, debieron llorar sin duda la demolición de su templo.
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¡Ah!, no preveáis las desgracias del amor antes de haber gustado sus placeres.
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Mucho más lo creería si os viera hacer frente a alevosos ataques; la virtud de aquella esposa que no corre nunca el riesgo de ser seducida no es la que sale mejor parada, sino la de esa otra que tan segura se siente de sí misma que, sin temor alguno, se e
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¡Me dais la muerte y queréis que yo viva! ¡Destruís mi esperanza y, al mismo tiempo, la reanimáis! No, no moriré...
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¿Remordimientos? Esos impulsos, ¿son conocidos acaso por un corazón como el mío? Hace mucho tiempo que el hábito del mal los apagó en mi alma endurecida.
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En el mundo no hay nada que el amor no haga olvidar.
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Creer en la inmortalidad del alma, es decir, estar persuadidos de la existencia de algo de lo cual es imposible formarse alguna noción real, es creer en palabras sin poderlas relacionar con algún sentido; afirmar que una cosa es tal y como la decimos es e
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Es casi siempre por un amor excesivo..., casi siempre por ceder demasiado pronto, por lo que perdemos el afecto de nuestros amantes...
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¡Placeres crueles! ¡Cuántas lágrimas me habéis costado y cuántos remordimientos han de desgarrar todavía mi alma hasta el postrer instante de mi vida!
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Es, sobre una suma de absurdas conjeturas, donde se construye la idea maravillosa e inmortal del alma.
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Si alguna vez, sin embargo, sois descubiertas hasta el punto de no poder negar vuestra conducta adúltera, jurad que sentís remordimientos y redoblar las atenciones y los mimos a vuestro marido.
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¡Cuán preferibles son las palmas de la inmortalidad a los días oscuros y lánguidos que arrastraríamos en la tierra!
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Lo que sólo se debe a la violencia ¿puede acaso halagar el amor propio?
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El remordimiento no es, pues, sino una desagradable reminicencia resultado de las leyes y de las costumbres aceptadas, pero nunca dependiente de la clase de delito.
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El sentimiento de mi amor es tan vivo que incluso al perder a la que es su objeto, me resulta imposible truncar una vida que ella anima y que inflamará hasta el último momento... Haré mucho más que morir, viviré.
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Nada causa tanto pesar al espíritu humano como el que, después de una rápida sucesión de acontecimientos que le llevan a un estado de congoja, se sucedan la mortal calma de la inacción y la certeza de lo irremediable, condiciones que le privan de experime
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Es difícil creer que el destino de un hombre sea tan bajo que le lleve a nacer sólo para morir.