Nacimos indios, esclavos del cura, esclavos del gobernador, esclavos del cacique, esclavos de todos los que agarran la vara del mandón...
Frases célebres sobre: mos. [Página 353]
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Y, ¿Con qué aliciente? La gloria. ¡Oh! ¡La gloria, que casi siempre arroja sus laureles sobre el ataúd, donde han caído derribadas por el hambre del cuerpo ó los supremos dolores del alma! No importa. Con la planta herida por los abrojos del camino y la f
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Una de las cosas más atractivas de una ciudad es el cambio, algo que Buenos Aires tiene de sobra. Es por eso que podemos ver medianeras que iluminan la ciudad.
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El que sabe mantener un porte digno aun cuando se halla entre sus amigos, conseguirá que sus más íntimos amigos sientan un gran respeto hacia él.
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Los hombres se distinguen menos por sus cualidades naturales que por la cultura que ellos mismos se proporcionan. Los únicos que no cambian son los sabios de primer orden y los completamente idiotas.
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Tener suficiente dominio de sí mismo para juzgar a los otros por comparación con nosotros mismos, y obrar en relación a ellos tal como desearíamos que obrasen con nosotros, a esto es a lo que puede llamarse doctrina de la humanidad; no hay nada más allá d
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El noble promueve lo que tiene de hermoso el hombre, el vil lo que tiene de feo.
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La verdad no puede apartarse de la naturaleza humana. Si lo que consideramos verdad se aparta de la naturaleza humana, entonces no puede ser verdad.
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Las desgracias, al igual que la fortuna, sólo llegan cuando las hemos buscado con nuestros actos.
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Si todavía no conocemos la vida, ¿cómo podremos conocer la muerte?
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Si pudiéramos aprender, por la mañana, lo que es justo, deberíamos darnos por satisfechos con morir por la tarde.
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Sabemos tan poco acerca de la vida. ¿Cómo podremos saber algo acerca de la muerte?
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Cásate con una mujer de tu igual, porque si la eliges más rica o más noble, los suyos serán tus amos.
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Como nada es más hermoso que conocer la verdad, nada es más vergonzoso que aprobar la mentira y tomarla por verdad
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Queremos olvidar para siempre la pena, evadir el misterio de la humana diferencia, rechazar a destajo el límite de nuestra naturaleza.
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Si todavía no conocemos la vida, ¿cómo vamos a conocer la muerte?
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Si no conocemos todavía la vida, ¿cómo va a ser posible conocer la muerte?
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Si queremos gozar la paz, debemos velar bien las armas; si deponemos las armas no tendremos jamás paz.
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Somos más sinceros cuando estamos iracundos que cuando estamos tranquilos
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Si la mistad desapareciera de la vida, sería lo mismo que si se apagara el sol, porque nada mejor ni más deleitoso hemos recibido de los dioses inmortales