Lo principal es reconocer que necesitamos ayuda, una vez hecho esto, la solución está a nuestro alcance.
Frases célebres sobre: mos. [Página 400]
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Podemos aprender sólo si estamos dispuestos a equivocarnos.
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Comprometámonos con nuestros sueños pero seamos leales a la realidad.
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Creer en lo que imaginamos es lo que nos ayuda a forjar nuevas realidades.
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Difícilmente somos capaces de captar en el otro un valor que no poseemos.
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Somos cómplices de nuestra realidad.
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El cambio es aquello que hacemos para seguir siendo, lo que permite tomar conciencia para mostrarnos tal y como somos.
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Luchemos por cosas lo bastante grandes para que nos importen, y lo suficiente pequeñas para poder ganarlas.
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El temor de demostrar amor es lo que nos ha quitado el derecho a la esperanza
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Ese Algo que llamamos Dios dio voluntad de perduración a las cosas, amor a los seres y una planificación portentosamente inteligente a los cuerpos y a la vida
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Los peores cementerios no son los de los hombres muertos, los peores son los cementerios de sueños que tenemos en el corazón
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En mar calmado todos somos capitanes.
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El sentimiento de celos casi siempre está generado no por lo que ocurriera realmente, sino por imágenes construidas de lo que creemos que pasó. Entonces, en respuesta a las imágenes, nos sentimos mal; las imágenes son lo suficientemente reales para provoc
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En uno de los extremos del pueblo, de casas bajitas, un perro se quejaba del frío y de la soledad, y, levantando el hocico hacia su dios, le daba su elocuente opinión sobre el mundo tal como él lo veía.
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El esquema estoico de colmar nuestras necesidades rebajando nuestros deseos es como cortarnos los pies cuando queremos zapatos.
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La vida es una tragedia a la que asistimos como espectadores un rato, y luego desempeñamos nuestro papel en ella.
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El gusto por la adulación se debe, en la mayoría de los hombres, a la pobre opinión que tienen de sí mismos; con las mujeres sucede lo contrario.
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Tenemos bastante religión como para odiarnos, pero no suficiente como para amarnos.
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Tenemos la suficiente religión para odiarnos unos a otros, pero no la bastante para amarnos.
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El mejor predicador es el tiempo, que nos hace llegar a tener aquellos mismos pensamientos que las personas de más edad trataron ante en vano de meternos en la cabeza.