El último enemigo en ser destruido será la Muerte
Frases célebres sobre: muer. [Página 55]
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Si hemos muerto con él, también viviremos con él
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Tienes el corazón poblado de cigarras, y un parecido a muertas vihuelas desveladas, gran melancólica.
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No toda esperanza esta muerta, aun hay pueblos que despiertan, cansados de que tiranos vivan en palacios a costa de sus vidas de mierda
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Quizá acabo como Salvador Allende pero siempre hasta la muerte seré revolucionario
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El vecino a muerto a los 107 años el cabronazo, yo viviría 500 en una semana si tuviera tu abrazo...
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Ningún amor más verdadero que aquel que muere no revelado
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Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida.
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Muere lentamente quien evita una pasión y su remolino de emociones, justamente éstas que regresan el brillo a los ojos y restauran los corazones destrozados
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Amor mío, nos hemos encontrado sedientos y nos hemos bebido toda el agua y la sangre, nos encontramos con hambre y nos mordimos como el fuego muerde, dejándonos heridas. Pero espérame, guárdame tu dulzura. Yo te daré también una rosa.
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Es mejor que guarde para sí cuanto ha visto de la vida y de la muerte. Es mejor que no escriba ninguna Memoria y que deje a los muertos en paz y a los vivos con sus ilusiones. Alguien ha llamado a La historia de San Michele una historia de la muerte. Quiz
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El amor mismo es de corta duración, como una flor. En el hombre muere de muerte natural con el matrimonio; en la mujer sobrevive a menudo hasta el fin, transformado en puro cariño materno por el caído héroe de sus sueños.
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Mi vida es la Música, si estoy sin música o si no puedo cantar más, ¡muero!, ¡soy nada!, porque la música lo es todo.
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La vida es un viaje, la muerte es un retorno a la tierra
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Un perro cobarde ladra más de lo que muerde.
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Ha llegado la hora de la mujer que piensa, juzga, rechaza o acepta, y ha muerto la hora de la mujer que asiste, atada e impotente, a la caprichosa elaboración política de los destinos de su país
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Yo no escribo para el orgulloso aparte de la luna que está bramando en estas páginas de rocío marino ni para los muertos imponentes con sus ruiseñores y salmos sino para los amantes, cuyos brazos rodean las penas de todos los tiempos, quienes no me pagan
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Ha llegado la hora de la mujer argentina, integramente mujer en el goce paralelo de deberes y derechos comunes a todo ser humano que trabaja, y ha muerto la hora de la mujer compañera ocasional y colaboradora ínfima
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Y el corazón no muere cuando uno creyó que debería, pero sonreímos, el té y el pan sobre la mesa. Sólo el remordimiento de no haber amado como se debe esa pálida ceniza de Sachsenhausen con un amor absoluto, que no está a la medida del hombre.
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Cuando me muera, voy a ver el revestimiento del mundo. La otra cara, más allá de las aves, las montañas, la puesta de sol.