Prometemos según nuestras esperanzas y cumplimos según nuestros temores.
Frases célebres sobre: nues. [Página 111]
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Parece como si la naturaleza, que tan sabiamente dispuso los órganos de nuestro cuerpo para hacernos felices, hubiera querido darnos también el orgullo para evitarnos el dolor de conocer nuestras imperfecciones.
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Nuestro amor propio sufre con mayor impaciencia la condenación de nuestras aficiones que la de nuestras pasiones.
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A menudo nos avergonzaríamos de nuestras más bellas acciones si el mundo viera los motivos que las producen.
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Nuestra desconfianza justifica el engaño ajeno.
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Cuando nuestros vicios nos dejan nos halagamos con la idea de que los hemos dejado nosotros.
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El mayor esfuerzo de la amistad no es mostrar nuestros defectos al amigo, sino hacerle ver los suyos.
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No tenemos bastante fuerza para seguir todas las indicaciones de nuestra razón.
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En la adversidad de nuestros mejores amigos siempre hallamos algo que no nos desagrada del todo.
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Olvidamos nuestras faltas con mucha facilidad cuando sólo las conocemos nosotros.
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Más vergonzoso es desconfiar de nuestros amigos que ser engañados por ellos.
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La duración de nuestras pasiones depende tan poco de nosotros como la duración de nuestra vida.
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Más fácilmente resistimos a nuestras pasiones por su debilidad que por nuestra fuerza
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Cuando nuestro odio es demasiado vivo, nos coloca por debajo de lo que odiamos
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Nuestras fuerzas sobrepujan casi siempre a nuestra voluntad; el presentarnos a la imaginación propia como imposibles ciertas cosas, es solamente una excusa que nos ponemos a nosotros mismos
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Más que un dolor para el mal que hemos causado, nuestro arrepentimiento es un temor del mal que nos pueda suceder
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Nunca otra cosa damos con tanta liberalidad como nuestros consejos.
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Con frecuencia nos avergonzaríamos de nuestras más hermosas acciones, si el mundo supiera todos los motivos que las producen.
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El espectáculo se ha convertido en el valor de nuestra época. Ya no hay valores, nadie sabe qué cosa es buena, qué cosa es mala, qué cosa es bella, qué cosa es fea. Vivimos en una de las épocas más confusas de la historia
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La gratitud es como la buena fe de los mercaderes, que sostiene el comercio; y si pagamos, no es porque sea justo saldar nuestras cuentas, sino para encontrar más fácilmente gentes que nos presten.