Hay en la intimidad un límite sagrado que trasponer no puede aun la pasión más loca siquiera si el amor el corazón desgarra y en medio del silencio se funden nuestras bocas.
Frases célebres sobre: nues. [Página 129]
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Sí, para nosotros es tierra en los zapatos. Sí, para nosotros es piedra entre los dientes. Y molemos, arrancamos, aplastamos esa tierra que con nada se mezcla. Pero en ella yacemos y somos ella, y por eso, dichosos, la llamamos nuestra.
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Para nuestros propios defectos somos topos; para los ajenos, linces
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El propósito de la cultura es hacer de nuestra mente un lugar de esparcimiento para los ratos de ocio
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Dios siempre nos manda regalos, hasta nuestra soledad.
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Siempre se conservan las huellas de nuestro origen.
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En la vida todo pasa o todo queda, y lo nuestro es pasar.
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Qué razón tenía Cupido al unir nuestros destinos, Te quiero!
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La vida es un regalo de Dios, lo que hagamos con ella es nuestro regalo hacia él
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Somos esclavos de lo que decimos y señores de nuestros silencios.
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Hemos modificado tan radicalmente nuestro entorno que ahora debemos modificarnos a nosotros mismos para poder existir dentro de él.
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Todos vivimos con el objeto de ser felices ; nuestras vidas son completamente diferentes aunque sea la misma
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... al construir máquinas es a menudo de la mayor importancia extender hasta ellas ciertos atributos que no se encuentran en lo animales inferiores. Si el lector considera que esto es una extensión metafórica de nuestras personalidades humanas, está en su
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El amor auténtico, el amor ideal, el amor del alma, es el que sólo desea la felicidad de la persona amada sin exigirle en pago nuestra propia felicidad.
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Démosle a nuestros hijos la libertad de ser ellos mismos, en un mundo que les dice todos los días que sean distintos.
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Los libros nos dan consejos que no se atreverían a darnos nuestros amigos.
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Nuestra vida es un sueño, es decir, pensamiento
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De igual manera, siglo tras siglo, Bajo el escalpelo de la naturaleza y el arte, grita nuestro espíritu, desfallece la carne, originando el órgano del sexto sentido.
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Pushkin, tan aficionado a reír, a medida que yo leía se iba poniendo cada vez más sombrío, y al acabarse la lectura exclamó con desesperación: ¡Dios mío, qué triste es nuestra Rusia! En aquel momento me di cuenta de la importancia que podía tener todo cua
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Pero nuestra generación se ríe, y arrastrada por el orgullo y la vanidad, empieza una serie de nuevos errores, de los que con el tiempo se reirán asimismo nuestros descendientes.