Hoy sé que así tratabas de explicarme que el mundo es demasiado grande para nuestra nostalgia.
Frases célebres sobre: nuestr. [Página 110]
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Para saber bien las cosas, hay que conocerlas con todo detalle; y como los detalles son casi infinitos, nuestros conocimientos son siempre superficiales e imperfectos
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Cuando nuestro odio es demasiado profundo, nos coloca por debajo de aquellos a quienes odiamos.
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Nuestra envidia dura siempre mas que la dicha de aquellos que envidiamos.
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Nuestra envidia dura siempre más que la felicidad de aquellos a quienes envidiamos.
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La moderación es un temor a caer en la envidia y en el desdén que merecen los que se embriagan con su dicha; es una vana ostentación de la fuerza de nuestro ánimo; y finalmente, la moderación de los hombres que se ven muy encumbrados es un deseo de parece
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Casi todos nuestros errores son más perdonables que los métodos que discurrimos para ocultarlos.
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No solemos considerar como personas de buen sentido sino a los que participan de nuestras opiniones.
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La adulación es una moneda falsa que tiene curso gracias solo a nuestra vanidad.
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El orgullo interviene más aún que la bondad en nuestras represiones a quienes han cometido algún yerro, y les reprendemos más que para corregirles, para convencerles de que estamos exentos de él.
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Carecemos de fuerza suficiente para seguir toda nuestra razón.
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El capricho de nuestro humor es aún más arbitrario que el de la suerte.
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Es una prueba de poca amistad no darse cuenta del retraimiento de la de nuestros amigos.
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Perdonamos fácilmente a nuestros amigos los defectos en que nada nos afectan.
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Prometemos según nuestras esperanzas y cumplimos según nuestros temores.
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Parece como si la naturaleza, que tan sabiamente dispuso los órganos de nuestro cuerpo para hacernos felices, hubiera querido darnos también el orgullo para evitarnos el dolor de conocer nuestras imperfecciones.
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Nuestro amor propio sufre con mayor impaciencia la condenación de nuestras aficiones que la de nuestras pasiones.
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A menudo nos avergonzaríamos de nuestras más bellas acciones si el mundo viera los motivos que las producen.
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Nuestra desconfianza justifica el engaño ajeno.
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Cuando nuestros vicios nos dejan nos halagamos con la idea de que los hemos dejado nosotros.