Cuando nos sentimos positivos en nuestra actitud, esperando e imaginando el placer, la satisfacción y la felicidad, tendemos a atraer y a crear personas, situaciones y acontecimientos que se adecuan a estas expectativas.
Frases célebres sobre: nuestr. [Página 205]
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El monstruo que ha traicionado nuestra ciega hospitalidad ha sido el culpable de todo. Creí recibir en mi casa a la inocencia, a la alegría, a una compañía querida para mi Berta. ¡Dios mío! ¡Qué loco he sido! Consagraré los días que me quedan de vida a la
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En su disociación de las matemáticas, nuestra cultura se acerca mucho a caricaturizar sus propios peores hábitos de alienación epistemológica.
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Una idea central detrás de nuestros ambientes de aprendizaje era que los niños fueran capaces de utilizar ideas poderosas tomadas de la matemática y la ciencia como instrumentos de poder personal...
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Siempre tenemos ante los ojos los vicios ajenos, y los nuestros a la espalda.
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Poseemos un alto porcentaje de usuarios que a menudo hablan con otros sobre nuestro buscador. Esto ha ayudado a Google enormemente, y ha contribuído al crecimiento de tráfico en nuestro sitio web alrededor de un 20% al mes desde que comenzamos la compañía
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El vino lava nuestras inquietudes, enjuaga el alma hasta el fondo y asegura la curación de la tristeza
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Sea ésta la regla de nuestra vida: decir lo que sentimos, sentir lo que decimos. En suma, que la palabra vaya de acuerdo con los hechos
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Alegre cosa es llegar al logro de nuestros deseos.
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Muchas cosas tienen reputación, no por su valor, mas por flaqueza nuestra.
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Aquella se puede llamar felicidad, que con nuestros deseos se mide.
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La aflicción de nuestros amigos nos induce a amarlos más.
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Para nuestra avaricia, lo mucho es poco, y para nuestra necesidad, lo poco es mucho.
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Nunca corría riesgos: por eso le iban tan bien las cosas. Todo lo que entraba en nuestra cocina con una apariencia era transformado en algo completamente distinto. Y aunque entraba por la fachada -por la tienda, en Lant Street-, también salía por otro sit
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Las rocas de ayer cantaban cuando las golpeábamos estalactitas en las viejas cuevas, goteando oscuridad, nuestras llamadas de amor pequeñas como un diapasón.
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La tierra a la que aplicábamos nuestro oído durante tanto tiempo está despellejada o muy callosa, y sus entrañas tentadas por un augurio impío. Nuestra isla está llena de ruidos nada confortantes.
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No consiste la felicidad de nuestra vida en vivir, sino en vivir bien.
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Esta sociedad nuestra de la esbeltez y las dietas es también la de la gordura y el sobrepeso.
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Por otra parte, nuestras sociedades no se caracterizan por el consenso, sino por la discusión permanente, y a ésta los medios contribuyen no en pequeña medida.
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Los deseos de nuestra vida forman una cadena, cuyos eslabones son las esperanzas