Conocemos por medio de nuestras facultades, y nuestras facultades están de tan intimo modo ligadas entre si, que lo que es conocer para las unas es sentir para las otras y querer para las restantes; a veces la voluntad es sentimiento y conocimiento, y fre
Frases célebres sobre: nuestr. [Página 89]
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Si pudiéramos ser jóvenes dos veces y dos veces viejos, corregiríamos todos nuestro errores.
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Así como nuestro cuerpo es mortal, las iras no deben ser inmortales. Así hablan los sabios.
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La belleza y la fealdad son un espejismo porque los demás terminan viendo nuestro interior
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Encontrar placer en la poesía puede ser también demasiado poco; es más honrado detener nuestro punto de vista humano.
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Nosotros, por nuestra carne, nuestra sangre y nuestro cerebro, pertenecemos a la naturaleza, nos encontramos en su seno, y todo nuestro dominio sobre ella consiste en que, a diferencia de los demás seres, somos capaces de conocer sus leyes y de aplicarlas
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En la naturaleza nada ocurre en forma aislada. Cada fenómeno afecta a otro y es, a su vez, influenciado por éste; y es generalmente el olvido de este movimiento y de ésta interacción universal lo que impide a nuestros naturalistas percibir con claridad la
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Los órdenes naturales, tales como el mercado, no pueden ser captados por nuestros sentidos, sino que sólo cabe descubrir su existencia por vía del intelecto.
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En el marco social, sin embargo, el éxito de la humana actividad depende de un cúmulo de realidades concretas mucho mayor de las que ser humano alguno puede conocer. Toda nuestra civilización se basa necesariamente, en consecuencia, en la posibilidad de q
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Una promesa es una letra de cambio que giramos contra nuestro porvenir.
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Si intentaren pisar nuestro suelo, en la mar sepultemos sus vidas, y en las olas, de sangre teñidas, luzca opaco el reflejo del sol.
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Ante el miedo e inseguridad de un enemigo poderoso, sólo aparentemente podemos sobreponernos y superar nuestro propio miedo e inseguridad.
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Dios estaba de nuestro lado, pero el árbitro era francés
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Los adversarios, los enemigos del país no descansan, ni descansarán, en la intriga y en tratar de dividir sobre todo aprovechando circunstancias como estas, entonces ¿cual es nuestra respuesta? Unidad, Unidad y más unidad esa debe ser nuestra divisa.
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La mayor parte de nuestras opiniones son creadas por las palabras y las fórmulas, mucho más que por la razón.
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Son las palabras y las fórmulas, más que la razón, las que crean la mayoría de nuestras opiniones
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Cuantas más velas tiene nuestro pastel, menos aliento tenemos para apagarlas.
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Hay que apoyarse sobre los fuertes y sobre lo eterno, y no sobre nuestras pasiones tornasoladas y cambiantes.
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Mi madre me esperaba en la estación. Lloró al verme regresar. Tú lloraste al verme partir. ¡Tan miserable es nuestra condición que no podemos desplazarnos de un lugar a otro sin que cueste lágrimas para ambas partes!
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Te complaces en el sublime egoísmo de tu amor, con la hipótesis de que pudiera nacernos un hijo. Lo deseas, confiésalo; lo anhelas como un lazo más que nos uniría, como un contrato fatal que ataría nuestros dos destinos. ¡Oh, preciso es que seas querida y