Nunca olvidéis, discípulos, que un gobierno opresor es más cruel que un tigre.
Frases célebres sobre: olvi. [Página 34]
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Es propio de los necios ver los vicios ajenos y olvidar los propios.
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Queremos olvidar para siempre la pena, evadir el misterio de la humana diferencia, rechazar a destajo el límite de nuestra naturaleza.
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Oigo y olvido. Veo y aprendo. Hago y entiendo.
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Recuerdo lo que no quisiera, y no puedo olvidar lo que quisiera.
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Es de tontos ver los vicios de los demás y olvidar los propios.
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Recuerdo incluso lo que no quiero. Olvidar no puedo lo que quiero.
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En primer lugar, señoras y señores, deben olvidar que son cantantes.
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No me gusta oír excusas porque no soy confesor tan solo soy decidor sin fusa ni semifusa, vivo sacando pelusas del rincón de los olvido si sufro por ser sufrido soñador de la justicia peleo por la delicia de no vivir sometido.
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Soy un tipo que les dice a sus hijos: No olviden que de la puerta para afuera vive gente.
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El odio es mal consejero, enfermedad de inconscientes. Con no olvidar suficiente, pa ́que no pase otra vez.
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Recuerda bien lo que te digo, hijito; no lo olvides: las mujeres te sorprenderán siempre. Crees que ya conoces toda la baraja, desde la reina a la sota, y te sale carta nueva.
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Aquellos que nada han aprendido no han olvidado nada.
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Mama la libertad, siempre la llevaras, dentro del corazón. Te pueden corromper, te puedes olvidar, pero ella siempre está.
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¡Dolor, ya me volviste a dar!
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La niña bonita, la que no lo sea, que a todas alcanza esta moraleja, mucho miedo, mucho, al lobo le tenga, que a veces es joven de buena presencia, de palabras dulces, de grandes promesas, tan pronto olvidadas como fueron hechas.
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La Cenicienta volvió con la ratonera en la que había tres grandes ratas. La Hada escogió una entre las tres, dándole la preferencia por su barba; y habiéndola tocado con la varilla, se transformó en un fornido cochero con gruesos bigotes.
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Cuando me senté bajo una extraña bóveda de árboles, con la nada como compañía, sin amor ni amigos, mi corazón se volvió de pronto hacia ti, y sentí tu amistad, un lazo suave sobre mis manos.
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Tenían el aspecto de haber contraído una enfermedad monótona y tediosa, habían olvidado el idioma de los animales y el ritmo de las cosechas.
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Decir que el tiempo es río es decir nada, ni nace ni termina su corriente, fluye desde horizontes infinitos y seguirá, sin duda, hasta el olvido.