No he venido, señores, a robarles el corazón...
Frases célebres sobre: ora. [Página 135]
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Al nacer, lloramos porque entramos en este vasto manicomio.
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¿Por qué golpeas a esa prostituta? Registra tu conciencia. ¿No cometiste tú mismo con ella el crimen que ahora castigas? El usurero hace ahorcar al falsario. Los pequeños vicios traslucen a través de los andrajos de la miseria; más las finísimas pieles y
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Mi corazón está siempre a vuestro servicio.
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Dos lindas bayas modeladas sobre el mismo tallo. Así es como dos cuerpos visibles, no teníamos más que un solo corazón.
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El placer y la acción hacen aparecer breves las horas.
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Construiría ante ti una cabaña de sauce y reclamaría mi alma en tu morada, escribiría sinceros versos de desdeñado amor y los cantaría alto en el silencio de la noche, gritaría tu nombre al eco de las colinas para que incluso el silencio repitiera por el
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Dad palabra al dolor: el dolor que no habla gime en el corazón hasta que lo rompe.
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El amor de los jóvenes no está en el corazón, sino en los ojos. Fray Lorenzo a Romeo.
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La aflicción hace de una hora diez.
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Ocurra lo que ocurra, aún en el día más borrascoso, las horas y el tiempo pasan.
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Vale más comer un jamón que implorar una recompensa que se tiene ya merecida.
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Ahora que me tumbo para dormir rezo a Dios para que cuide mis armas si muero antes de despertarme, rezo a Dios para que se lleve mi alma.
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Dejo esto y espero que Dios pueda ver que mi corazon es puro ¿Es el cielo solo otra puerta?
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Preguntarnos porque vamos de mal en peor Es ignorar aquello de dónde venimos Verás, no preguntarías por qué la rosa que creció en el asfalto tenia pétalos marchitos Al contrario Celebraríamos su tenacidad Amaríamos su voluntad de alcanzar el sol Bueno Som
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Puedes gastar minutos, horas, días, semanas y hasta meses sobre-analizando una situación; tratando de juntar las pistas, justificando qué pudo haber sucedido. O puedes dejar las pistas en el suelo y seguir adelante.
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Todo el mundo está en guerra con diferentes cosas... yo a veces estoy en guerra con mi propio corazón.
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Los enemigos como el odio y el apego carecen de piernas, brazos y demás miembros, y no tienen coraje ni habilidad, ¿cómo, entonces, han conseguido convertirme en su esclavo?
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Mientras moran en mi mente me perjudican a su antojo y yo, sin enfadarme, los tolero con paciencia cuando en realidad no debería ser paciente con ellos.
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¿Cómo puedo permanecer en el samsara alegremente y sin temores, cuando estoy dispuesto a reservar en mi corazón un lugar para estos interminables y persistentes enemigos, que son la causa de que aumente todo lo que me perjudica?