Es cosa muy probada que por sus besos la dueña queda muy engañada.
Frases célebres sobre: osa. [Página 173]
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El amor es fragante como un ramo de rosas.
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Regresaba. ¿Era yo el que regresaba? En la angustia vaga de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas
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Ella anuda hilos entre los hombres y lleva de aquí para allá la mariposa profunda, ala del paisaje y del alma de un país, con su polen...
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Quisiera ay tantas cosas más quisiera. Revelar tus ojos, celebrar tu nombre y salir contigo disfrazado de horizonte.
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Nada hay más útil que aprender muchas cosas, ni más fácil que oírlas
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Cuando nos casamos mi mujer me trataba como un dios pagano, quemaba cosas para mi, quemaba el desayuno, quemaba el almuerzo, quemaba la cena...
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Ha mantenido dos valiosas constantes en su administración. La primera es que ha sido riguroso en la aplicación de los principios del buen gobierno. Y la segunda es que ha sido obsesivo en promover y mejorar la cultura ciudadana. Estos dos aspectos, a la l
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Amémonos. La noche clara, aromosa y mística tiene no sé qué suave dulzura cabalística. Somos grandes y solos sobre el haz de los campos y se aman las luciérnagas entre nuestros cabellos, con estremecimientos breves como destellos de vagas esmeraldas y ext
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Que no sienten vergüenza del sexo sin celajes y a quienes nadie osara fabricarles ropajes.
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¡Oh, déjame que guste el dulzor del momento fugitivo e inquieto! ¡Oh, deja que la rosa desnuda de mi boca se te oprima a los labios!
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Es de absoluta necesidad decir al abogado toda la verdad franca y claramente, no ocultarle las cosas. para que él las enrede y embrolle sin pérdida de momento.
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Si es necesario morir porque digo la verdad aquí estoy: las amenazas no bastan, deben verificarse; ¿acaso es amable la vida cuando se la vive tan odiosa?
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Para que podamos mirar y tocar sin pudor las flores, sí, todas las flores y seamos iguales a nosotros mismos en la hermandad delicada, para que las cosas no sean mercancías, y se abra como una flor toda la nobleza del hombre: iremos todos hasta nuestro ex
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Nada más vergonzoso para nosotros que el hecho de que los ladrones y maleantes tengan entre si una convivencia más amistosa que los intelectuales.
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La modestia en el hombre de talento es cosa honesta; en los grandes genios, hipocresía.
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¿A qué se reduce el orador, si habla en monólogo y nadie le pincha ni le excita? Forzosamente se entorpecerá y languidecerá.
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No hay cosa tan lejana de las letras como la codicia y preocupación por el dinero.
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Maravillosa libertad la de Dios, que paga con largueza, si se lo devolvemos, aquello mismo que Él nos ha regalado.
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Es inútil toda polémica si no hay esperanza de que resulte provechosa.