En el mundo hay cuatro clases de personas: los enamorados, los ambiciosos, los observadores y los imbéciles. Estos últimos son los más felices
Frases célebres sobre: osos. [Página 22]
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¡Ojalá los dioses misericordiosos, si existen efectivamente, protejan esas horas en que ningún poder de la voluntad, ni las drogas inventadas por el ingenio del hombre, pueden mantenerme alejado del abismo del sueño!
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Ante ese faro han desfilado por espacio de un siglo los majestuosos barcos de los siete mares. En tiempos de mi abuelo eran multitud; en los de mi padre no tanto, y ahora son tan pocos que a veces me siento extrañamente sólo, como si yo fuese el último ho
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Míseros mortales que, semejantes a las hojas, ya se hallan florecientes y vigorosos comiendo los frutos de la tierra, ya se quedan exánimes y mueren.
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Casi siempre que un matrimonio se lleva bien, es porque uno de los esposos manda y el otro obedece.
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La especie más temible de los vanidosos es la de los que tienen, en efecto, motivos para su vanidad
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Seamos perezosos para todo menos para amar, beber y ser perezosos.
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El hombre, si se lo propusiera, podría resolver todos los angustiosos problemas actuales: la guerra, el hambre, la explosión demográfica, la escasez de agua, la polución... Creo que podemos considerarnos dueños de nuestro destino.
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¿No es ello la causa de todas nuestras revoluciones? Porque entre el Estado, que prodiga promesas imposibles, y el público, quien ha concebido esperanzas irrealizables, se vienen a interponer dos clases de hombres: los ambiciosos y los utópicos.
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De todas las virtudes, la más difícil y rara es la justicia. Por cada justo se encuentran diez generosos.
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He encontrado personas muy feas en mis comienzos, los animales me parecieron más hermosos.
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Los esposos están tan mezclados el uno al otro, tan confundidos, que las leyes ordinarias del amor ya no se refieren a ellos.
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Existe un límite a la fuerza que ni siquiera los más poderosos pueden aplicar sin destruirse a sí mismos. Juzgar este límite es el auténtico arte de gobernar. Usar mal este poder es un pecado fatal. La ley no puede ser un instrumento de venganza, nunca un
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¡Cuán crédulos son los mentirosos! Creen siempre ser creídos.
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Los pobres que tienen esperanzas inquietan a los poderosos.
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La fuerza y la flaqueza del ánimo tienen nombres engañosos; en realidad no son más que la buena o mala disposición de los órganos del cuerpo.
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Los más insolentes en la prosperidad son en la adversidad los más temerosos.
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Los apellidos famosos, en lugar de enaltecer, rebajan a quienes no saben llevarlos.
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Para tener éxito debemos hacer todo lo posible por parecer exitosos.
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La fortaleza de los hombres juiciosos no es más que el arte de encerrar el propio desasosiego dentro del corazón.