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Frases célebres sobre: per. [Página 869]
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Maldito Pedro Jota. Me copiaste mi peinado, me plagiaste los tirantes, y ahora quieres imitarme en lo que me da de comer: meterme con Mariano Rajoy. ¡Pues no te lo voy a permitir!
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Franco tenía el culo blanco; pero no porque su mujer se lo lavara con Ariel, sino porque siempre estaba cara al sol.
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Soy un artista polifacético, la razón de esto es que me han querido sacar de donde yo estaba, pero nunca la han querido sacar de donde yo la metía, mi idea, mi idea
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Pertenezco a la última generación de ricos españoles. Estamos en peligro de extinción.
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Las acciones de los hombres son normalmente buenas, pero sus razones para obrar lo son raramente.
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La Iglesia salva a los pecadores, pero la Ciencia busca acabar con su manufactura.
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El genio puede tener sus limitaciones, pero la estupidez no se ve obstaculizada
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Un fracasado es un hombre que ha cometido un error, pero que no es capaz de convertirlo en experiencia.
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¿Un pesimista? Es una persona que ha estado íntimamente relacionada con un optimista
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Raramente los escritores escriben lo que piensan. Simplemente escriben lo que piensan que otras personas piensan que ellos piensan.
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La izquierda es como el Atlético de Madrid. Sólo gana una vez cada diez años y no tiene ningún periódico que la apoye.
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Mañana más, pero no mejor, porque es imposible.
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Estas nuevas generaciones que hablan de culos y tetas no me gustan, pero me parecen bien.
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Pero no olvidéis que grandes logros más allá de las fuerzas humanas suelen parecer producto de la energía de unos necios.
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Hideyoshi sabía que debía trabajar constantemente para mejorarse, para superar sus defectos y aumentar su capacidad de introspección, y había decidido que sus samuráis debían hacer lo mismo.
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Con el misterioso límite entre la vida y la muerte a sus pies, un samurái no podía dejar de pensar en lo que significaba vivir como un guerrero. Todos permanecían en actitud reverente, las manos unidas en una plegaria.
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No era su parecido con un mono lo que le había llamado la atención. Le dirigió una segunda mirada larga y fija, pero no logró desconcertarle... ¡Eran los ojos del muchacho! Alguien había dicho que los ojos son el espejo del alma.
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Una guerra no se ganaba el día de la batalla. Cada provincia tenía su propio carácter, y en cada una de ellas se daban las apariencias y la realidad. Incluso una provincia que pareciera superficialmente débil podía tener una fuerza oculta.
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Jugar con lo que no podemos ocultar nos hace ser percibidos como personas con un alto grado de autoaceptación.