No quería, a ningún precio, que los vencedores de la guerra civil fueran los vencidos de la democracia.
Frases célebres sobre: quer. [Página 43]
Hay un total de 1566 freses célebres sobre "quer" este sitio web. [Página 43]
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Uno de los más graves errores de la pedagogía moderna es, no querer hablar de las máximas eternas, sobre todo de la muerte y del infierno
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Amad aquello que aman los jóvenes, y ellos aprenderán a amar lo que vosotros queréis que amen
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Proteged a los pobres, si queréis llegar a ser ricos
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Demos bastante si queremos conseguir mucho
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Cuando reparas en algo, dejas de arrojarte al todo. Porque para venir del todo al todo has de negarte del todo en todo. Y cuando lo vengas del todo a tener, has de tenerlo sin nada querer. Porque, si quieres tener algo en todo, no tienes pur
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Cuando tenéis 50 empezáis a pensar cosas en las que no habías pensado antes. Yo solía pensar que envejecer tenía que ver con la vanidad, pero en realidad tiene que ver con perder gente que queréis. Tener arrugas es trivial.
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Enrique Cerezo, queremos tu pescuezo
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Amo a los militares. Los he amado siempre y prefiero ser la amante de un oficial pobre que de un banquero rico.
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Te juro que hubiera preferido permanecer siempre en la ignorancia. Antes eso que descubrir la ingratitud y la depravación de una persona tan querida por mí.
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Cerezos en flor y recuerdos de seres queridos. Todos tan lejos de aquí.
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Nos casamos porque las mujeres, cuando son esposas, resultan más sumisas que las queridas.
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Entre la raza de los hombres independientes, generosos y cultivados, en un país en que la imaginación es emperatriz de las mentes de los hombres, no ha de temerse que queramos una sucesión perpetua de nobles y personas de alcurnia.
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No puedo expresar la alegría que sentí cuándo comprendí las ideas correspondientes a estos sonidos y pude pronunciarlos. Distinguía otras palabras, que ni entendía ni podía emplear, tales como bueno, querido, triste.
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Aunque sea sólo un cúmulo de infelicidad, la vida me es querida y la defenderé.
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¡Llorad, llorad queridos míos! ¡No serán éstas las últimas desgracias que sufriréis!
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¡Me dais la muerte y queréis que yo viva! ¡Destruís mi esperanza y, al mismo tiempo, la reanimáis! No, no moriré...
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¿Creéis que hay gran diferencia entre un banquero de una mesa de juego robándoos en el Palais-Royal, o Matasiete pidiéndoos la bolsa en el bosque de Bolonia? Es lo mismo, señora; y la única distancia real que puede establecerse entre uno y otro, es que el
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Si los desgraciados son virtuosos, no seamos tan ingenuos de querer tener sus sentimientos.
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Todas las cosas no son más que costumbre, señora, no hay nada a lo que uno no se habitúe, ¿no les gustaba a las damas romanas ver caer a los gladiadores a sus pies? ¿No llevaban ellas la ferocidad hasta querer que muriesen sólo en actitudes elegantes?