La mentira santa es común a Confucio, al Código de Manú, a Mahoma, a la Iglesia cristiana — no falta en Platón. La verdad existe: esto significa, en cualquier lugar en que se lo oiga, el sacerdote miente...
Frases célebres sobre: quier. [Página 188]
Hay un total de 5587 freses célebres sobre "quier" este sitio web. [Página 188]
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No puedo creer en un dios que quiera ser alabado todo el tiempo.
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Hay muchas cosas que no quiero saber. La sabiduría marca límites hasta al conocimiento.
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Un cansancio ansioso de alcanzar de un salto, de un salto mortal, la meta ultima, un pobre cansancio ignorante que ya no quería ni siquiera querer.
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Un país que lo soñamos, que Cristina lo sueña junto con la clase media, los intelectuales, los industriales, los jovenes, todos los argentinos que quieren hacer grande este país.
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Cristina sueña con una clase media junto a los trabajadores, empresarios, intelectuales, estudiantes, con todos los argentinos que quieren construir este nuevo país.
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Entre los hombres como en cualquier otra especie animal hay un exceso de enfermos, de degenerados, de débiles, de dolientes; los sanos constituyen una excepción.
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Nietzsche no quiere discípulos.
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En el amor se soportan más cosas que en cualquier otra situación, se tolera todo.
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Despreocupados, violentos, burlones: así nos quiere la sabiduría; es mujer y no ama nunca sino a un guerrero.
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Pido pues a mi orgullo que siempre vaya del brazo con mi cordura. Y cuando me abandone mi cordura, pues le gusta alzar el vuelo, que mi orgullo vuele siquiera del brazo con mi locura.
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Tres versos de Bob Dylan justifican cualquier galardón, incluso el Nobel de Literatura.
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En mis hijos quiero reparar el ser hijo de mis padres: y en todo el futuro quiero asimismo reparar este presente.
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A la mujer le gusta creer que el amor puede lograr cualquier cosa; es su superstición personal.
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Y muchas veces uno sólo quiere saltar mediante el amor por encima de la envidia. Y muchas veces uno ataca, haciéndose un enemigo, para disimular que es atacable.
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Las mujeres siempre intrigan en secreto contra el alma superior de sus maridos; siempre quieren apartarles de su futuro con el cebo de un presente cómodo y libre de sufrimiento.
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El verdadero hombre quiere dos cosas: el peligro y el juego. Por eso ama a la mujer, el juguete más peligroso.
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Y este ser sincero, el yo, habla del cuerpo y lo quiere incluso cuando sueña y se forja ilusiones y aletea con un batir de alas rotas.
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¡Que poco se requiere para ser feliz!. El sonido de una gaita.
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Quiero sacar a luz todos los secretos de vuestro fondo; y cuando estéis expuestos, escarbados, al sol, también vuestra mentira estará separada de vuestra verdad.